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En un momento en el que la palabra “recorte” es la que marca la actualidad económica, pocas empresas tienen ya en su vocabulario el término “inversión”,  a no ser que ésta se vea como “un medio de supervivencia”.

En un mercado laboral cada vez más complicado, es necesario apostar por la innovación y por aquellos elementos que hacen a nuestra empresa más competitiva. Este punto es especialmente importante en el mundo de las Pymes, que constituyen la mayor parte del tejido productivo del país y que más sufren las consecuencias de esta crisis.

Ese elemento diferenciador que puede mantener a flote la empresa es la formación, ya que permite el reciclaje de la plantilla preparándolo para nuevas competencias.

Acceder a ella no es difícil y, además, las empresas se pueden bonificar su importe gracias a los créditos de la Fundación Tripartita para la Formación en el Empleo, siempre y cuando cumplan con las exigencias marcadas por este organismo.

En este sentido, es bueno recordar que ese crédito es anual y no acumulativo, por lo que las empresas sólo tienen la posibilidad de disfrutarlo hasta finales de año e invertirlo en la mejora de la competitividad de su equipo humano.

Pero, no sólo el mundo empresarial, se ha fijado en la formación como una tabla de salvación ante la crisis, sino que son cada vez más los particulares, especialmente en situación de desempleo, los que apuestan por aumentar su capacitación profesional para diferenciarse en un mercado laboral cada vez más exigente y complicado.

 

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