Estadísticas de afiliación a la Seguridad Social de los egresados universitarios

Última actualización: 16 mayo 2026
  • Las estadísticas de afiliación a la Seguridad Social permiten conocer la inserción laboral real de los egresados según rama, comunidad y tipo de universidad.
  • Ingenierías, Informática y Ciencias de la Salud concentran las mejores tasas de empleo, estabilidad y salarios, mientras que Artes, Humanidades y ciertas titulaciones educativas muestran mayor subempleo.
  • Las universidades públicas destacan en tasa de afiliación y contratos indefinidos, y las privadas en salarios medios, emprendimiento y porcentaje de egresados en grupo de cotización de titulados.
  • La disciplina estudiada es el factor más determinante en la empleabilidad universitaria, por encima incluso del tipo de universidad, con diferencias notables entre campos de estudio.

Gráfico de afiliación a la Seguridad Social de egresados universitarios

Entender qué pasa con los titulados universitarios cuando salen al mercado de trabajo se ha convertido en una preocupación central para estudiantes, familias, universidades y administraciones. No basta con saber cuántos jóvenes obtienen un título, ahora el foco está en averiguar qué proporción consigue un empleo, en qué condiciones, en qué plazos y si ese trabajo realmente se ajusta al nivel de estudios alcanzado.

A partir de distintas fuentes oficiales -en especial las estadísticas del Ministerio de Educación y Formación Profesional, los datos del Sistema Integrado de Información Universitaria (SIIU), la Tesorería General de la Seguridad Social y los análisis de la Fundación CYD- podemos dibujar un panorama bastante detallado sobre la afiliación a la Seguridad Social de los egresados universitarios, su inserción laboral y el grado de subempleo según rama de estudios, comunidad autónoma y tipo de universidad (pública o privada).

Qué miden las estadísticas de afiliación a la Seguridad Social de los egresados

Las estadísticas de afiliación a la Seguridad Social permiten seguir a las personas que se han graduado en la universidad y comprobar si están dadas de alta trabajando en España en distintos momentos después de titular. Normalmente se analiza qué ocurre 12, 24, 36 y 48 meses después de haber finalizado un grado universitario.

El Ministerio de Educación y Formación Profesional publica para el curso 2013-2014 una batería de datos que muestra, por ejemplo, la tasa de afiliación, el grupo de cotización y la base de cotización de quienes terminaron sus estudios de grado en ese periodo. Lo interesante es que todo ello se puede desglosar por rama de conocimiento, lo que permite comparar trayectorias laborales entre titulaciones muy distintas.

La clave de estas estadísticas es que, al cruzar la información académica (qué ha estudiado cada persona y dónde) con la vida laboral registrada en la Seguridad Social, se obtiene una foto muy precisa de cómo evoluciona la experiencia profesional de los egresados universitarios durante los primeros años de su carrera. Esto va mucho más allá de preguntar en una encuesta si están trabajando: se ve si cotizan, en qué grupo, con qué tipo de contrato y con qué sueldo aproximado.

Además de los datos del Ministerio, la Fundación CYD ha elaborado la serie «Radiografía del SUE. Inserción laboral», donde analiza cinco promociones de graduados -desde 2014/2015 hasta 2018/2019- y estudia su situación laboral a los cuatro años de obtener el título, incorporando variables como el tipo de contrato, la jornada o la base media de cotización. Estos informes se han convertido en una referencia para entender el Sistema Universitario Español (SUE) desde la perspectiva de la empleabilidad.

Inserción laboral y afiliación de titulados universitarios

Cuándo encuentran empleo los egresados universitarios

Si miramos a quienes terminaron un grado en el curso 2013-2014, las cifras del Ministerio de Educación indican que, un año después de titular, alrededor del 47% del total de egresados estaba afiliado a la Seguridad Social. Es decir, algo menos de la mitad había conseguido un empleo formalizado en España en ese primer año tras la graduación.

La cosa mejora con el paso del tiempo: cuatro años después de finalizar el grado, la tasa de afiliación sube hasta aproximadamente el 72%. Es lógico que a medida que pasan los meses más egresados consigan insertarse en el mercado de trabajo, pero estos datos también plantean dudas sobre si el esfuerzo invertido en una carrera se traduce, de verdad, en oportunidades sólidas para todos.

Al analizar estas cifras por ramas de estudio, el panorama se diversifica. No todas las titulaciones ofrecen la misma velocidad ni el mismo nivel de inserción laboral. Hay diferencias notables entre, por ejemplo, Ingeniería y Arquitectura, Ciencias de la Salud, Ciencias, Artes y Humanidades, y Ciencias Sociales y Jurídicas. Esa variación es precisamente uno de los puntos clave que hay que tener en cuenta cuando alguien elige qué estudiar.

Conviene, además, recordar una cuestión metodológica importante: una tasa baja de afiliación al principio no significa solamente que haya mucho desempleo. También puede indicar que un porcentaje elevado de egresados ha decidido seguir estudiando, realizando estudios de máster o un doctorado. Esto ocurre especialmente en algunas ramas científicas, donde la investigación y la formación de posgrado tienen un peso considerable.

Diferencias por rama de estudios: de Ciencias y Artes a Ingenierías y Salud

Uno de los contrastes más llamativos aparece al comparar la afiliación de los titulados en Ciencias con la de quienes han estudiado Artes y Humanidades. Un año después de titular, la tasa de afiliación de Ciencias es muy baja y apenas supera en unas décimas a la de Artes, hasta el punto de que solo unos 3 de cada 10 egresados en estas ramas están dados de alta en la Seguridad Social.

Sin embargo, si se mira cuatro años después de la graduación, la brecha entre ambas ramas se abre claramente y alcanza del orden de diez puntos porcentuales. La interpretación habitual es que muchos graduados en Ciencias continúan formándose durante los primeros años (másteres, doctorado, estancias), retrasando su incorporación plena al mercado laboral, mientras que las dificultades estructurales en Artes y Humanidades persisten incluso a medio plazo.

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En el caso de Artes y Humanidades, la estadística refleja que, transcurridos cuatro años, la incorporación al mercado de trabajo sigue siendo relativamente baja y mucho más costosa que en ramas técnicas o sanitarias. Esto se relaciona con las peculiaridades del tipo de empleo al que suelen acceder estos titulados, a menudo más vinculado a sectores culturales, creativos o educativos con contratos temporales, proyectos intermitentes o incluso trabajos por cuenta propia fuera del marco tradicional asalariado.

En el extremo opuesto se sitúan los egresados en , que muestran de forma sistemática las tasas de afiliación más elevadas en todos y cada uno de los cuatro años posteriores a la titulación. En estas disciplinas la continuación en estudios de máster o doctorado es menos frecuente en términos relativos, y el mercado laboral absorbe con rapidez a los graduados por la fuerte demanda de perfiles técnicos.

Un caso intermedio pero muy interesante es el de Ciencias de la Salud. Un año después de terminar el grado, la tasa de afiliación de estos titulados se sitúa unos 15 puntos por debajo de la de Ingeniería y Arquitectura. Sin embargo, esa diferencia casi desaparece en el cuarto año, cuando los egresados en Salud se acercan notablemente a los ingenieros en términos de afiliación, una vez completados los procesos de especialización (residencias, prácticas, etc.).

Por último, las titulaciones de Ciencias Sociales y Jurídicas se ubican en una posición intermedia. Sus tasas de afiliación se parecen bastante a las de Ciencias de la Salud e Ingeniería y Arquitectura, y en todo caso son claramente superiores a las de Ciencias y, especialmente, a las de Artes y Humanidades. Esto podría llevar a pensar que la inserción laboral en esta rama es razonablemente buena, pero la foto completa es más compleja cuando se introduce el factor del subempleo.

Afiliación no es sinónimo de empleo acorde a la formación

Las tablas de afiliación del Ministerio y de la Fundación CYD dejan claro que no basta con saber si un egresado está trabajando. La gran pregunta es si el empleo que desempeña requiere realmente de una cualificación universitaria, o si, por el contrario, esa persona está sobrecualificada para el puesto que ocupa.

En España se ha observado en repetidas ocasiones que el crecimiento sostenido del número de titulados universitarios no ha ido acompañado de un aumento proporcional de empleos que exijan estudios superiores. En otras palabras, el sistema produce graduados más deprisa de lo que el mercado crea puestos de trabajo adecuados a ese nivel de formación.

Desde una perspectiva sociológica, esto puede leerse de dos maneras: como un exceso de oferta de universitarios o como una rigidez del mercado de trabajo para absorberlos en puestos acordes. Sea cual sea la interpretación favorita, lo cierto es que una parte significativa de quienes terminan la carrera no accede a empleos al nivel de sus títulos, al menos en los primeros años tras la graduación.

Afortunadamente, la estadística oficial no se limita a contar afiliados, sino que permite observar en qué grupo de cotización se encuentra cada persona. Esto es fundamental, porque los grupos de cotización distinguen entre empleos que requieren titulación universitaria y aquellos que no la exigen. Así se puede estimar cuántos egresados trabajan, sí, pero en puestos que de verdad piden estudios superiores.

Las diferencias entre ramas de conocimiento son notables. Los titulados en Ciencias de la Salud figuran como los mejor protegidos frente al riesgo de subempleo: no solo presentan buenas tasas de afiliación, sino que un porcentaje muy elevado de ellos está contratado en categorías profesionales que exigen titulación universitaria.

El papel del grupo de cotización: quién cotiza como titulado

Cuando se analiza el porcentaje de afiliados que están incluidos en el grupo de cotización de titulados, el panorama se complica para algunos colectivos. En la Tabla 2 del Ministerio se presenta, para cada rama, el porcentaje de egresados afiliados que cotizan como titulados a lo largo de los cuatro años siguientes a la graduación.

Tomemos el ejemplo de Artes y Humanidades un año después de terminar los estudios. Solo alrededor del 29% de estos egresados estaba afiliado a la Seguridad Social en ese momento. Y, además, de ese grupo que sí había conseguido un empleo, únicamente en torno a una tercera parte lo hacía en el grupo de cotización de titulados.

Si se multiplican ambos porcentajes, el resultado es muy elocuente: apenas un 10,6% de quienes finalizaron un grado en Artes y Humanidades en 2014 tenía, un año después, un empleo que exigiera cualificación universitaria. Esto da una idea bastante clara de la magnitud del subempleo (o, si se prefiere, de la sobrecualificación) en este ámbito.

La invitación implícita de estas estadísticas es a que cada persona pueda realizar cálculos similares para la rama o titulación que le interese, acudiendo a los datos detallados del Ministerio. Cuando se cruzan la tasa de afiliación total y el porcentaje de afiliados en grupo de titulados, se obtienen estimaciones bastante precisas del porcentaje de graduados que trabajan en puestos acordes a su formación.

En el caso de las Ciencias Sociales y Jurídicas, los resultados son llamativos. Cuatro años después de titular, solo aproximadamente la mitad de los egresados que están afiliados desempeña un empleo que requiere estudios universitarios. Esto sitúa a esta rama como una de las más expuestas al subempleo, pese a tener tasas de afiliación relativamente elevadas.

Si se combinan todas las cifras disponibles, se llega a una conclusión contundente: en torno al 35,8% de los titulados en Ciencias Sociales y Jurídicas en 2014 ejercía, cuatro años después, un trabajo adecuado a la cualificación adquirida. Es decir, apenas uno de cada tres graduados de esta rama estaba colocado en un puesto realmente acorde a su nivel de estudios universitarios.

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Universidades públicas y privadas: quién inserta mejor a sus egresados

La serie «Radiografía del SUE 3. Inserción laboral» de la Fundación CYD incorpora otra dimensión clave al análisis: la comparación entre universidades públicas y privadas en términos de empleabilidad y afiliación a la Seguridad Social. El estudio examina cinco promociones (2014/2015 a 2018/2019) y se centra en lo que ocurre cuatro años después de obtener el título.

En lo que se refiere a la tasa media de afiliación a la Seguridad Social, los datos para los titulados del curso 2018-2019 muestran que las universidades públicas superan ligeramente a las privadas, con un 76,07% frente a un 74,75%. Además, se observa una suave tendencia al alza de la ocupación entre las distintas promociones y una reducción de las diferencias entre tipologías universitarias.

Si se miran solo las titulaciones impartidas en ambos tipos de universidad, destacan por su alta afiliación media las carreras de Medicina, Informática y Óptica y Optometría. Por ejemplo, Medicina alcanza algo más del 94% de afiliación en las universidades públicas y algo más del 93% en las privadas; Informática se sitúa en torno al 89-90%; y Óptica y Optometría ronda el 88-92%, con ligeras variaciones según el tipo de centro.

Hay, sin embargo, diferencias muy acusadas entre públicos y privados en determinadas titulaciones. En Odontología, Fisioterapia o Veterinaria las universidades públicas presentan tasas de afiliación bastante mayores que las privadas. Parte de esta brecha puede explicarse porque una proporción relevante de egresados de universidades privadas en estas áreas trabaja como autónomo, registrándose en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos más que como asalariados convencionales.

El análisis territorial también aporta matices interesantes. Las comunidades con mayores tasas de afiliación media a la Seguridad Social entre graduados son La Rioja, País Vasco e Illes Balears, todas ellas por encima del 81%. Por contra, Andalucía muestra uno de los valores más bajos, ligeramente por encima del 71%. En casi todas las comunidades, las universidades públicas presentan tasas superiores, con diferencias especialmente notables en Aragón y en Navarra.

Tipo de contrato, jornada y estabilidad de los egresados

Más allá de estar o no afiliado, la Fundación CYD examina la calidad del empleo a través de indicadores como el porcentaje de contratos indefinidos y la proporción de contratos a tiempo completo. Estos datos ayudan a medir hasta qué punto la inserción laboral se traduce en puestos estables y con jornada completa.

Entre los titulados en 2014-2015, cerca del 59,7% tenía un contrato indefinido a los cuatro años, mientras que para quienes se graduaron en 2018-2019 la tasa de contratación indefinida sube hasta aproximadamente el 72,4%. Es decir, hay una mejora clara en los niveles de estabilidad contractual a lo largo del periodo analizado.

Si se comparan públicos y privados en la cohorte más reciente (2018-2019), las universidades públicas presentan un valor algo más elevado: alrededor del 72,9% de sus egresados tiene contrato indefinido frente al 69,9% de los procedentes de privadas. No es una diferencia abismal, pero sí consistente en favor del sector público en este indicador concreto.

Por comunidades autónomas, los egresados de las universidades públicas en Madrid y la Comunitat Valenciana destacan por sus altas tasas de contratos indefinidos, superando el 81% y el 76% respectivamente. En el otro extremo, País Vasco y La Rioja registran los valores más bajos de contratación indefinida entre los egresados de las públicas. Andalucía, por su parte, presenta una gran disparidad entre tipos de universidad, con casi 19 puntos porcentuales de ventaja para las privadas.

En cuanto a la jornada, la proporción de egresados con contrato a tiempo completo se mantiene bastante estable a lo largo de las distintas promociones, siempre alrededor del 78-81%. No aparecen diferencias significativas entre universidad pública y privada si se mira el conjunto de titulaciones.

En las carreras con mejores cifras de jornada completa, las dos tipologías universitarias coinciden en gran medida: Medicina y diversas Ingenierías (como telecomunicación y electrónica) alcanzan tasas cercanas al 98-99% de contratos a tiempo completo. Son, de nuevo, ámbitos muy demandados en el mercado laboral.

Salarios, emprendimiento y grupo de cotización en titulados

Otra dimensión crítica de la inserción laboral es la retribución. La Fundación CYD utiliza como referencia la Base Media de Cotización (BMC) anual, que refleja de forma aproximada el salario bruto sobre el que se cotiza a la Seguridad Social.

Los datos muestran que los egresados de universidades privadas presentan, en promedio, una BMC superior: en torno a 33.990 euros anuales, frente a los 30.429 euros de las universidades públicas. Esta diferencia, de algo más de 3.500 euros, puede deberse a múltiples factores, entre ellos el origen socioeconómico de los estudiantes y su acceso a determinados nichos de empleo mejor remunerados.

Entre los campos con mejores resultados en BMC destacan cinco titulaciones que aparecen en ambos tipos de universidad: Medicina, Ingeniería de Organización Industrial, Ingeniería Electrónica, Ingeniería de Telecomunicación e Informática. Medicina es la única de estas carreras donde la base media de cotización resulta superior en las instituciones públicas (por encima de 41.800 euros), mientras que en el resto la cifra es más alta en las privadas.

Las diferencias territoriales también son relevantes. La Rioja y el País Vasco se sitúan a la cabeza en BMC media de los egresados, superando ampliamente los 33.000 euros anuales, mientras que Extremadura y Andalucía permanecen en la parte baja de la tabla con valores entre 27.500 y 28.500 euros.

Si se centra el foco en el grupo de cotización, las universidades privadas muestran una ventaja estadísticamente clara: aproximadamente el 70% de sus egresados tiene contrato en el grupo de titulados, frente al 60% de los graduados en las públicas. Este indicador se asocia tanto a la adecuación de la cualificación al puesto de trabajo como a mayores niveles de renta.

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Los mejores resultados en adscripción al grupo de titulados se registran nuevamente en los ámbitos de Medicina, Enfermería, Odontología y Óptica y Optometría, donde los porcentajes superan el 90%. Las mayores brechas entre públicas y privadas se dan, curiosamente, en áreas educativas y sociales como Pedagogía, Educación Infantil, Educación Primaria o titulaciones afines, con diferencias de hasta 38 puntos a favor de las privadas.

Por comunidades, La Rioja y Navarra encabezan los valores de contratos en grupo de titulación en ambas tipologías, mientras que Andalucía, Cantabria y Cataluña presentan las cifras más bajas de porcentaje de egresados trabajando en categorías acordes a su titulación, especialmente en el caso de algunos centros públicos.

Campos de estudio con mejores y peores indicadores laborales

Una de las conclusiones más fuertes de los informes de la Fundación CYD es que la disciplina académica es el factor estructural que más influye en la inserción laboral, incluso por encima del tipo de universidad (pública o privada). Es decir, lo que estudias pesa más que dónde lo estudias cuando se trata de encontrar trabajo y de la calidad de ese empleo.

Los ámbitos de Ingeniería, Informática y Ciencias de la Salud concentran de manera sistemática los mejores resultados en la mayoría de los indicadores: mayor tasa de afiliación, más contratos indefinidos, más jornada completa, mejor base media de cotización y mayor proporción de contratos en grupo de titulados.

Entre los cinco campos con mejor desempeño global, cuatro pertenecen a universidades públicas (Ingeniería de Organización Industrial, Ingeniería de Telecomunicación, Informática y Medicina) y uno a una universidad privada (Ingeniería en Tecnologías Industriales). Esto demuestra que el sistema público es muy competitivo en áreas técnicas y sanitarias de alta demanda, mientras que el sector privado destaca con fuerza en algunos nichos específicos.

En el extremo opuesto, los cinco ámbitos con peores resultados globales en términos de inserción laboral se concentran en universidades públicas y corresponden a Educación Infantil, Humanidades, Audiovisual, Imagen y Multimedia, Lenguas modernas y aplicadas y Comunicación. En estos campos, las universidades privadas suelen mostrar trayectorias laborales más estables y de mayor calidad para sus egresados.

Si se examinan las tasas de contratos a tiempo completo en estos ámbitos más débiles, aparecen diferencias notables entre públicas y privadas. Por ejemplo, en Educación Infantil la brecha se acerca a 21 puntos porcentuales a favor de las universidades privadas, que rondan el 66,8% de contratos a jornada completa frente a apenas el 46% de las públicas. En Humanidades, la ventaja supera los 15 puntos (más del 77% frente al 61%), y en Comunicación roza los 11 puntos de diferencia (en torno al 90% frente al 79%).

Estos datos apuntan a que, allí donde el mercado laboral es más débil o inestable, las universidades privadas logran ofrecer carreras profesionales algo más sólidas a sus egresados, mientras que las públicas acumulan una mayor proporción de titulados en situaciones de precariedad o subempleo.

Experiencias concretas: el caso de Castilla y León y la UVa

El análisis de las estadísticas regionales permite afinar todavía más la visión. En Castilla y León, por ejemplo, los datos de la herramienta UNIVbase -que cruza información del SIIU con las altas en la Seguridad Social- muestran que la Universidad de Valladolid (UVa) lidera la inserción laboral de los egresados universitarios de la región.

Según los registros de UNIVbase para estudiantes titulados en 2014 en las universidades públicas de Castilla y León (incluyendo grados y ciclos), la tasa de inserción laboral tras 12 meses de la graduación se sitúa en torno al 48,4%. Esto significa que prácticamente la mitad de los egresados estaba ya dada de alta en la Seguridad Social un año después de terminar sus estudios.

Si se avanza cuatro años en el tiempo, la situación mejora: después de 48 meses, aproximadamente el 73,2% de estos titulados ha logrado insertarse en el mercado laboral. La tendencia se mantiene para promociones posteriores: los estudiantes que se graduaron en 2018 alcanzan una tasa de inserción del 49,4% en los primeros 12 meses y del 77,5% tras cuatro años.

Este tipo de análisis regional persigue varios objetivos. Por un lado, aportar transparencia al sistema universitario, facilitando indicadores claros y comparables sobre la salida laboral de los graduados. Por otro, ofrecer a los equipos de gobierno de las universidades y a los responsables públicos una base de datos sólida para la planificación de la oferta de titulaciones y la mejora de las políticas de orientación y empleabilidad.

Además, herramientas interactivas como las que acompañan a UNIVbase permiten a los propios estudiantes consultar fácilmente los resultados de inserción por universidad, rama de conocimiento, sexo u otros factores relevantes. Contar con información objetiva antes de elegir carrera universitaria se ha convertido en un elemento clave para ajustar expectativas y tomar decisiones más informadas.

En conjunto, las estadísticas de afiliación a la Seguridad Social, los grupos de cotización, los tipos de contrato, las bases de cotización y las diferencias por rama, universidad y territorio dibujan un escenario complejo pero muy revelador: no todas las titulaciones ofrecen las mismas oportunidades, no todos los empleos requieren realmente la cualificación universitaria obtenida y la calidad de la inserción varía en función de múltiples factores estructurales. Conocer estas cifras de cerca ayuda a entender por qué el desempleo y el subempleo universitario siguen siendo temas de máxima actualidad y por qué la configuración de la oferta universitaria exige cada vez más cautela, análisis y una buena dosis de realismo.

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