- Comprender la diferencia entre cita, referencia y bibliografía es esencial para redactar trabajos académicos rigurosos.
- Los principales estilos de citación (APA, Vancouver, Harvard, Chicago, ISO 690) marcan reglas específicas para citas en el texto y referencias finales.
- Elegir un estilo y aplicarlo con coherencia, apoyándote en guías y gestores bibliográficos, reduce errores y evita el plagio.
- Dominar estos aspectos mejora la calidad científica del TFG, TFM o tesis y facilita la evaluación positiva del trabajo.
Dominar las citas y la bibliografía es una de esas cosas que marcan la diferencia entre un trabajo académico normalito y otro con verdadero rigor. No se trata solo de “quedar bien” con el profesorado, sino de demostrar que sabes manejar información, respetar la autoría ajena y evitar el temido plagio, tanto el intencionado como el involuntario.
A lo largo de esta guía vas a encontrar una explicación clara y muy completa sobre qué son las citas, qué es la bibliografía, por qué son importantes, cuándo se usan y cómo se redactan según los principales estilos (APA, Vancouver, Harvard, Chicago, ISO 690, etc.). Verás también ejemplos prácticos para casi cualquier tipo de documento (libros, artículos científicos, leyes, tesis, redes sociales, vídeos…) y algunas recomendaciones de herramientas para gestionar tus referencias de forma rápida y eficaz.
Qué es una cita, qué es una referencia y qué es la bibliografía
Lo primero es aclarar conceptos, porque muchas veces se usan como si fueran lo mismo y no lo son. Una cita es una forma abreviada que insertas dentro del texto (normalmente entre paréntesis o integrada en la frase) para indicar de dónde has sacado una idea, un dato, una definición, una teoría o unas palabras textuales. Su misión es conectar el contenido del trabajo con la fuente original.
La referencia bibliográfica es la versión completa de esa información: todos los datos necesarios para que cualquier persona pueda localizar sin problemas el documento citado. Se coloca normalmente al final del trabajo, en una lista ordenada, y suele incluir autor, fecha, título, fuente, editorial, enlace, identificador DOI, etc., dependiendo del tipo de material.
La bibliografía es precisamente esa lista de referencias que se inserta al final del texto. Ha de recoger, como mínimo, todas las fuentes que has citado dentro del trabajo, aunque es frecuente añadir también otras obras consultadas que ayudan a contextualizar el tema. En la práctica, cuando hablamos de “hacer la bibliografía”, nos referimos a elaborar esa relación completa de referencias.
En un sistema bien planteado, cada cita en el texto debe tener su referencia correspondiente en la bibliografía final, y cada referencia de la bibliografía debería aparecer al menos una vez citada en el cuerpo del trabajo, salvo en el caso de bibliografías complementarias o de ampliación.
Por qué, cuándo y qué debemos citar
Citar no es un simple trámite burocrático; tiene un sentido muy claro. Al referenciar correctamente, estás reconociendo el trabajo ajeno, reforzando tus argumentos y dando credibilidad a tu propio estudio. Además, muestras que dominas la literatura científica sobre el tema, algo que el profesorado y los evaluadores valoran muchísimo.
Otro motivo clave para citar es evitar el plagio. Cuando utilizas ideas, datos, cifras o textos que no son tuyos y no indicas la fuente, estás presentando como propio un trabajo que corresponde a otra persona. Incluso si lo haces sin mala intención, se considera plagio y puede tener consecuencias académicas serias, especialmente en TFG, TFM o tesis doctorales.
En cuanto a cuándo citar, la regla es sencilla: siempre que uses una idea, teoría, dato, explicación, imagen o fragmento de texto tomado de una fuente ajena, tienes que indicarlo. Da igual que lo copies literalmente o lo expreses con tus propias palabras (paráfrasis): si la aportación procede de otra persona, merece su reconocimiento.
No es necesario citar cuando la información procede de tus propias ideas, conclusiones o experiencias, por ejemplo al describir un experimento que tú mismo has realizado o al exponer tu interpretación personal de unos resultados. Tampoco se cita el conocimiento común o de dominio público, como hechos históricos ampliamente sabidos o datos básicos conocidos por cualquiera (por ejemplo, que Colón llegó a América en 1492).
A la hora de decidir qué y cuántas fuentes citar, basta con incluir una o dos referencias claras para sustentar cada idea clave en un trabajo estándar. En estudios más especializados, como revisiones sistemáticas o artículos de revisión, lo habitual es manejar una bibliografía mucho más amplia, para ofrecer una panorámica exhaustiva del estado de la cuestión.
Principales estilos de citas y referencias
En el mundo académico no hay un único modo de citar, sino muchos estilos o normas de citación distintos. Cada uno define cómo deben escribirse las citas en el texto y cómo se presentan las referencias en la bibliografía. La elección del estilo depende de la disciplina, la revista, la facultad o incluso de las indicaciones concretas del profesorado.
Entre los estilos elaborados por organizaciones profesionales destacan el formato APA (American Psychological Association), muy utilizado en psicología, educación, ciencias del comportamiento y ciencias sociales en general; el estilo Vancouver, asociado a la medicina, enfermería y ciencias de la salud; y el estilo MLA (Modern Language Association), frecuente en lingüística, filología y estudios literarios.
También hay estilos surgidos de universidades prestigiosas, diseñados para las publicaciones y trabajos de su comunidad académica. Los más conocidos son el estilo Chicago y el estilo Harvard. Este último es especialmente popular en ciencias sociales y suele combinarse o asemejarse bastante al sistema autor-fecha propio de APA.
En España cobra relevancia la norma UNE ISO 690:2013, que ofrece pautas normalizadas para citar y referenciar documentos impresos y electrónicos. Muchas instituciones la toman como base para sus guías internas, adaptándola a las necesidades de sus títulos y áreas de conocimiento.
Las revistas científicas, por su parte, suelen imponer a los autores un estilo concreto de citación, que puede ser uno de los anteriores o incluso un formato propio. Cuando quieras publicar, tendrás que ajustarte obligatoriamente a esas normas, que suelen figurar en las instrucciones para autores de cada revista.
Coherencia y uso de notas a pie de página
Aunque hay diferencias entre unos estilos y otros (orden de los elementos, uso de mayúsculas, cursivas, iniciales del nombre, signos de puntuación, etc.), lo realmente importante es mantener la coherencia a lo largo de todo el trabajo. Es preferible un estilo sencillo pero uniforme que una mezcla caótica de formatos cambiantes.
Salvo que tu profesor, tu facultad o la revista especifiquen lo contrario, puedes elegir cualquiera de los estilos más habituales, pero tendrás que seguirlo al pie de la letra. Eso implica que todas las citas en el texto y todas las referencias de la bibliografía respeten las mismas reglas tipográficas y de presentación.
En cuanto a las notas a pie de página, conviene distinguir su función de la del sistema de citas. Hoy en día se desaconseja utilizar las notas de pie como única forma de indicar las referencias bibliográficas, ya que fórmulas como “ibídem” o “op. cit.” dificultan mucho el trabajo del lector cuando quiere localizar un documento concreto.
La recomendación general es reservar las notas a pie para aclaraciones, comentarios, ejemplos adicionales o información complementaria que no encaje bien en el cuerpo del texto, y emplear un sistema de citas autor-fecha o numérico para referenciar las fuentes. Si excepcionalmente incluyes una referencia bibliográfica en una nota, la versión completa de esa referencia debería aparecer también en la bibliografía final.
Para que te hagas una idea, piensa en la nota a pie como una interpolación voluntaria que no quieres mezclar con el hilo principal de la redacción, mientras que el sistema de citas y referencias es la columna vertebral que muestra con claridad de dónde procede cada información utilizada.
Citas en el texto según el estilo APA
El formato APA se basa en el sistema autor-fecha. Las citas dentro del texto son breves indicaciones que incluyen el apellido del autor y el año de publicación, y que remiten a la referencia completa en la página final de “Referencias”. Cada vez que cites o parafrasees a alguien, tendrás que añadir la cita correspondiente, bien en paréntesis, bien de forma integrada en la frase.
Cuando haces referencia a una parte específica de la obra, como un fragmento literal, un dato concreto o una definición, es necesario añadir un localizador: normalmente un número de página, aunque también puede ser un capítulo, una tabla o una marca temporal si se trata de un vídeo o un podcast. Un ejemplo típico sería algo como (García, 2020, p. 45).
APA permite dos formas principales de citar en el texto. La cita entre paréntesis se coloca al final de la frase o después de la idea que estás tomando prestada, por ejemplo: Según los últimos estudios, el clima organizacional afecta al rendimiento (López & Pérez, 2019). Es la forma más rápida y neutral de incluir la referencia.
La otra modalidad es la cita narrativa, que integra el apellido de la persona autora en la propia redacción. En este caso, el año se coloca entre paréntesis justo después del apellido, por ejemplo: López y Pérez (2019) sostienen que el clima organizacional influye de manera directa en el rendimiento. Es muy útil cuando quieres poner el foco en quién realiza la aportación.
Cuando una obra tiene varios autores, la forma de citarlos cambia ligeramente. Para dos autores, en inglés se usa el símbolo & en las citas entre paréntesis, mientras que en el texto narrativo se utiliza “y”. A partir de tres autores, APA indica usar “et al.” desde la primera cita, tanto en paréntesis como de forma narrativa, por ejemplo (Gómez et al., 2021) o Gómez et al. (2021) señalan que…
Si el autor es una entidad u organización (por ejemplo, una asociación, un ministerio o una universidad), se cita con el nombre completo de la institución: (Organización Mundial de la Salud, 2022) o, en forma narrativa, la Organización Mundial de la Salud (2022) explica que… En algunos casos, cuando el nombre se repite mucho, se permite abreviar la primera vez que aparece, siguiendo las indicaciones de la guía APA.
Cómo citar cuando falta información (APA)
No todas las fuentes indican con claridad quién las ha escrito, cuándo se publicaron o cuál es la paginación. En estos casos, el estilo APA establece soluciones concretas para que la cita siga siendo clara y útil. Lo importante es que la información que aportes coincida con lo que después aparecerá en la referencia completa.
Si no hay autor identificado, en la cita se utiliza el título de la obra en lugar del apellido. En el texto, este título aparece normalmente en cursiva (si es una obra extensa, como un libro o un informe) o entre comillas (si es un artículo o un capítulo) y va seguido del año. Por ejemplo: (“Guía de estilos de citación”, 2020) o Manual de redacción académica (s.f.).
Cuando falta la fecha de publicación, tanto en la cita como en la referencia se recurre a la abreviatura s.f. (sin fecha). Así, una cita típica quedaría (Pérez, s.f.). Esto indica al lector que no existe una fecha concreta disponible, no que se haya olvidado incluirla.
En el caso de que la fuente no aporte un número de página, se recomienda usar un localizador alternativo, como el número de capítulo, sección, tabla o párrafo, o bien omitir el localizador si no hay forma razonable de señalar el lugar exacto. Un ejemplo sería (García, 2020, cap. 3) o simplemente (García, 2020) si se está hablando de toda la obra en general.
Todos estos ajustes tienen su reflejo en la página de referencias, donde también se sustituyen los datos ausentes por las fórmulas correspondientes: comenzar la entrada por el título cuando no hay autor, usar (s.f.) cuando falta la fecha o describir el documento entre corchetes cuando no hay título claro.
Es bastante habitual que en materiales en línea, como páginas web o contenidos de redes sociales, falte alguna de estas piezas. Por eso, conviene revisar bien la fuente original en busca de autoría, fecha exacta de publicación o actualización, tipo de contenido y cualquier otro dato que pueda ayudar a identificarla correctamente.
Referencias y página de referencias en formato APA
Las referencias APA siguen una estructura bastante estable: primero se indica el autor o autores, luego el año de publicación entre paréntesis, a continuación el título de la obra y, por último, la fuente (editorial, nombre de la revista, URL, DOI, etc.). Dependiendo del tipo de documento, habrá variantes, pero la lógica básica es siempre la misma.
En la página final de referencias, que se coloca justo después del cuerpo del trabajo y antes de los anexos, hay que incluir todas las fuentes citadas en el texto, ordenadas alfabéticamente por el apellido del primer autor. El encabezado de la página debe ser la palabra “Referencias”, centrada y en negrita, seguida de la lista, que se presenta a doble espacio.
Cada entrada de la lista de referencias debe llevar sangría francesa de aproximadamente 1,3 cm (media pulgada): la primera línea va pegada al margen izquierdo y las siguientes se desplazan hacia la derecha. Esto facilita mucho la lectura y la localización rápida de cada referencia.
Respecto al formato tipográfico, APA propone utilizar una fuente legible como Times New Roman en tamaño 12, Arial en tamaño 11 u opciones equivalentes, y mantener el interlineado doble tanto dentro de cada referencia como entre referencias. Además, se debe numerar la página en el encabezado superior derecho, continuando la secuencia del resto del documento.
En la bibliografía solo se incluyen las fuentes accesibles al lector. Las comunicaciones personales (correos electrónicos privados, conversaciones telefónicas, mensajes en plataformas cerradas, etc.) se citan en el texto, pero no se añaden a la lista de referencias, porque el lector no tiene forma de consultarlas por su cuenta.
Ejemplos de referencias APA según tipo de documento
Para aterrizar todo lo anterior, conviene ver ejemplos concretos de cómo se redactan las referencias según la tipología de documento. Un libro en papel se presenta indicando autores, año, título en cursiva y editorial. Un ejemplo sería: Apellido, Iniciales. (Año). Título del libro. Editorial.
En el caso de un libro electrónico, la estructura es muy parecida, pero se suele añadir un enlace o un identificador si existe. Por ejemplo: Apellido, Iniciales. (Año). Título del libro. Editorial. URL o DOI. Si el recurso está alojado en un repositorio institucional, se puede indicar también el nombre de la plataforma.
Un capítulo de libro requiere señalar primero al autor del capítulo, luego el año, el título del capítulo entre redonda, la preposición “En” y los editores de la obra (con la indicación Ed. o Eds.), el título del libro en cursiva, las páginas que ocupa el capítulo entre paréntesis y, finalmente, la editorial. Todo ello separando los elementos con la puntuación adecuada.
Las entradas de diccionario o enciclopedia suelen citarse mencionando la entidad responsable, la fecha (o s.f.), el término consultado, el título del diccionario o enciclopedia en cursiva, la fecha de recuperación si es relevante y la URL. Si el recurso es dinámico y se actualiza con frecuencia, la fecha de consulta cobra más sentido.
Un artículo de revista en papel se referencia indicando autor o autores, año, título del artículo, nombre de la revista en cursiva, número de volumen en cursiva, número de fascículo entre paréntesis (si lo hay) y rango de páginas. La cita en el texto, por su parte, seguirá el esquema autor-fecha que ya hemos comentado.
Para un artículo de revista electrónica con DOI, se añaden al final la dirección DOI en formato de enlace (https://doi.org/…). Cuando la revista emplea un identificador electrónico en lugar de paginación tradicional, se reemplaza el rango de páginas por el código de artículo o eLocator, dejando claro que la obra se identifica de ese modo.
Los informes, sobre todo si proceden de organismos o fundaciones, se citan indicando el autor corporativo, el año, el título del informe en cursiva y, si es el caso, una nota aclaratoria sobre la edición o el número de informe, seguida del enlace donde puede consultarse.
Las notas de prensa oficiales de instituciones como institutos de estadística se referencian mencionando la entidad, la fecha exacta (incluyendo día y mes), el título en cursiva, entre corchetes la indicación [Nota de prensa] y la URL directa al documento original.
En el ámbito académico, las comunicaciones en congresos se citan recogiendo autores, fecha, título de la comunicación, tipo de participación (por ejemplo, [Presentación de póster]), título del congreso en cursiva, lugar de celebración y, si está disponible, un enlace o DOI de la comunicación.
Las leyes, decretos y normas jurídicas suelen citarse con el nombre oficial de la norma, número, fecha de aprobación, referencia al boletín oficial donde se ha publicado y, cuando procede, el enlace a la versión digital. Las constituciones siguen el mismo principio, indicando el boletín oficial y la fecha de publicación.
Para tratados y convenciones internacionales, se hace constar el nombre del tratado, la fecha de adopción o firma y el vínculo a la versión oficial. La jurisprudencia (sentencias, autos, resoluciones) se referencia incluyendo la denominación del tribunal, la sala, el número de sentencia y la fecha, siguiendo el criterio fijado por las guías jurídicas.
En el caso de las patentes, la referencia debe recoger los inventores, la fecha si está disponible, el título de la patente en cursiva, el país y el número de patente, así como la oficina que la registra. Si hay enlace a la base de datos oficial, se añade al final.
Los test y pruebas estandarizadas se citan como libros o manuales, señalando el autor, el año, el título del test en cursiva, la indicación de que se trata de un manual técnico si procede y la editorial responsable de su publicación.
En cuanto a las páginas web, se listan el autor personal o corporativo, la fecha (a veces incluyendo el mes), el título del contenido en cursiva, el nombre del sitio si es distinto y la URL. Cuando la fecha exacta no queda clara, se puede recurrir a s.f. y, en determinados casos, indicar la fecha de recuperación.
Las tesis doctorales y trabajos académicos alojados en repositorios institucionales se referencian anotando autor, año, título en cursiva, tipo de trabajo entre corchetes (tesis doctoral, trabajo de fin de grado, etc.), nombre de la universidad, repositorio en el que se encuentra y enlace permanente o handle.
Los conjuntos de datos se tratan como una categoría específica: autores, año, título del dataset en cursiva con la indicación [Conjunto de datos] entre corchetes, repositorio que lo aloja y DOI o enlace. Esta forma de citación favorece el reconocimiento de la labor de recopilación y gestión de datos.
Los recursos audiovisuales, como vídeos de YouTube o películas, se referencian indicando productor o entidad responsable, fecha, título en cursiva, tipo de material entre corchetes ([Vídeo], [Película]) y plataforma o productora. Para un vídeo en línea, se añade el enlace directo a la grabación.
Las redes sociales exigen un tratamiento muy concreto. Para perfiles, se incluye el nombre de la cuenta, la fecha si la hay, el título o descripción en cursiva, la indicación del tipo de perfil entre corchetes (por ejemplo, [Perfil de X]) y la plataforma. Para publicaciones individuales (tuits, posts), se recoge también la fecha exacta y, en su caso, la nota [Post] seguida de la URL.
Estilo Harvard para documentos impresos
El estilo Harvard es otro sistema autor-fecha muy extendido en ciencias sociales y políticas. El listado de referencias al final se organiza alfabéticamente por el apellido del autor y los títulos de libros, revistas y obras extensas se destacan en cursiva. Aunque se parece bastante a APA, presenta matices en la disposición de elementos y signos de puntuación.
Para un libro en Harvard, la estructura típica es: Apellidos, Iniciales (Año): Título del libro, Edición (si no es la primera), Lugar de publicación, Editorial. Se usan dos puntos después del año y se separan los últimos elementos con comas, manteniendo un orden muy claro y homogéneo.
En el caso de un capítulo de libro, se empieza con el autor del capítulo, año y título entre comillas, seguido de la preposición “en”, las iniciales y apellido del editor, el título del libro en cursiva, el lugar, la editorial y las páginas del capítulo. Harvard da bastante importancia a diferenciar entre autoría del capítulo y responsabilidad editorial del libro.
Para un artículo de revista científica en Harvard, el formato general es: Apellidos, Iniciales (Año): “Título del artículo”, Título de la revista, volumen (número), páginas. Las comillas se reservan para el título del artículo y la cursiva para la revista, lo que ayuda a identificar rápidamente el tipo de obra.
Los trabajos académicos inéditos, como tesis no publicadas o TFG/TFM, se citan indicando autor, año, título en cursiva, tipo de trabajo, universidad y lugar. Es fundamental señalar que se trata de un trabajo no publicado o inédito para que el lector no lo confunda con una monografía editada.
Las comunicaciones de congresos se organizan mencionando autor, año, título de la comunicación entre comillas, la preposición “en”, el título del congreso en cursiva, el lugar y el editor. En muchos casos se añaden páginas si las actas del congreso están publicadas como libro.
Los informes técnicos pueden firmarlos autores individuales o instituciones. En Harvard se estructura la referencia con el autor o autor corporativo, año, título del informe en cursiva, lugar y editor. Si el informe está disponible en línea, se pueden añadir el enlace y la fecha de consulta, según establezcan las normas de la revista o la institución.
Normativas y estilos según facultad o área de conocimiento
Cada universidad, e incluso cada facultad, puede imponer una normativa de citas diferente para sus titulaciones. Es habitual que en las ramas de ingeniería, economía, artes, humanidades o ciencias sociales se utilice APA, mientras que en ciencias de la salud se recurra a Vancouver, y en otros grados concretos se opte por Chicago u otras variantes.
Por ejemplo, en muchas facultades de ciencias de la educación, psicología o humanidades se exige APA, salvo en casos específicos como grados de Historia, Geografía o Humanidades, donde se tiende a usar Chicago. En las escuelas de ingeniería, en cambio, APA suele ser la norma general para todos los títulos, por su claridad y su orientación a la autoría y la fecha.
En las facultades de derecho es frecuente encontrar combinaciones de estilos, como APA para la bibliografía general y UNE-ISO o guías específicas para las referencias jurídicas. En economía y empresa, el uso de APA también está muy extendido, sobre todo en trabajos que se publican en revistas internacionales.
En el ámbito de las ciencias de la salud, el estilo Vancouver es casi un estándar de facto, especialmente en medicina, enfermería, fisioterapia o nutrición. No obstante, en subáreas como psicología clínica o neuropsicología se mantiene el uso de APA por su tradición en las ciencias del comportamiento.
Antes de empezar tu TFG, TFM o tesis, conviene revisar la normativa específica de tu centro o de la titulación. Muchas bibliotecas universitarias ofrecen guías descargables en PDF para estilos como APA, Vancouver o IEEE, junto con ejemplos detallados de cómo citar distintos tipos de documentos. No hace falta memorizarlo todo: basta con tener la guía a mano mientras trabajas.
Gestores bibliográficos y herramientas de apoyo
Gestionar a mano decenas o cientos de referencias puede ser un auténtico quebradero de cabeza. Por eso se recomiendan los gestores bibliográficos, programas que te permiten almacenar, organizar y exportar tus fuentes en múltiples estilos de forma automática. Entre los más conocidos se encuentran Mendeley, Zotero, EndNote o RefWorks.
Con estas herramientas puedes guardar las referencias mientras navegas por bases de datos o catálogos, etiquetarlas por temas, añadir notas y generar directamente la bibliografía en el estilo que te pida tu facultad o la revista donde vayas a publicar. Además, suelen integrar complementos para procesadores de texto que insertan citas en el documento con un par de clics.
Muchas universidades dan acceso a sus estudiantes a manuales oficiales, como el Manual de Publicaciones de la American Psychological Association, ya sea en versión impresa o en formato electrónico a través de sus plataformas de libros digitales. Estos manuales son la referencia definitiva cuando surge una duda complicada sobre un tipo de documento poco común.
También existen generadores de citas en línea que crean automáticamente las referencias en APA, Harvard u otros estilos a partir de los datos que les facilites. Son útiles para salir del paso, aunque siempre conviene revisar el resultado final con una guía oficial, ya que algunos servicios simplifican demasiado o no se actualizan con la última edición del estilo.
En definitiva, si integras desde el principio un buen gestor bibliográfico en tu forma de trabajar, ahorrarás mucho tiempo, reducirás errores de formato y podrás centrarte en lo realmente importante: el contenido científico y la calidad de tu análisis, sabiendo que la parte técnica de citas y bibliografía está bajo control.
Una vez interiorizado el porqué de las citas, los diferentes estilos y la importancia de ser coherente, redactar una buena bibliografía deja de ser un trámite molesto y se convierte en una parte natural del proceso de investigación, que ayuda a dar visibilidad a quienes han trabajado antes que tú y aporta solidez a tus propias conclusiones.
