- Las microcredenciales son titulaciones universitarias cortas y específicas que certifican competencias concretas y se integran en la formación permanente.
- Se apoyan en el Real Decreto 822/2021 y en la normativa de títulos propios, permitiendo ofertas flexibles, modulares y acumulables hacia credenciales más amplias.
- Las universidades españolas ofrecen microcredenciales en áreas muy diversas, con certificación digital verificable y fuerte conexión con el mercado laboral.
- Planes públicos, subvenciones y becas facilitan el acceso a estas formaciones, reforzando la empleabilidad y la actualización profesional continua.
Las microcredenciales se han convertido en una de las grandes apuestas del sistema universitario para responder a un mercado laboral que cambia a toda velocidad. Cada vez más universidades diseñan programas cortos, muy especializados y fáciles de combinar con la vida profesional y personal, pensados tanto para quienes ya tienen estudios universitarios como para quienes buscan una primera certificación formal.
Estas nuevas acreditaciones surgen en un contexto en el que la formación permanente y la actualización de competencias son prácticamente obligatorias. Las universidades españolas están adaptando su oferta: desde la diversificación y flexibilidad que defiende la Universitat Autònoma de Barcelona hasta los catálogos estructurados por competencias de la UOC o las iniciativas subvencionadas impulsadas por la Xunta de Galicia y las universidades gallegas. Todo ello se enmarca, además, en la regulación estatal de la formación permanente y los títulos propios.
Qué son exactamente las microcredenciales
Cuando hablamos de microcredenciales nos referimos a certificaciones académicas de corta duración que reconocen la adquisición de conocimientos, habilidades y competencias muy concretas. No se trata de un grado, un máster o un doctorado, sino de pequeñas unidades formativas que se pueden cursar de manera independiente y que tienen un fuerte enfoque práctico.
En comparación con los estudios universitarios tradicionales, las microcredenciales son mucho más breves, flexibles y específicas. Mientras que un grado se organiza en varios años y cubre un campo amplio, las microcredenciales se centran en temas muy delimitados, directamente conectados con necesidades reales de empresas, administraciones y organizaciones sociales.
Las universidades destacan que estas formaciones están orientadas a mejorar la empleabilidad y responder a nuevos perfiles profesionales. Se dirigen a personas que quieren reciclarse, especializarse en un área concreta o reforzar un bloque de competencias sin tener que cursar un programa largo. En muchos casos, además, permiten avanzar profesionalmente dentro de la misma organización o abrir la puerta a sectores emergentes.
Un aspecto clave es que las microcredenciales no están reservadas solo a quienes tienen un título universitario previo. Numeras instituciones señalan que van dirigidas a todas las personas, siempre que cumplan unos requisitos mínimos de acceso (a menudo similares a los del ingreso en estudios de grado, pero sin exigir haberlos completado). Esto amplía mucho el abanico de público potencial, desde jóvenes que quieren ir probando campos hasta profesionales con años de experiencia que necesitan una actualización rápida.
Otra característica fundamental es que muchas de estas microcredenciales incorporan certificados digitales verificables, alineados con los estándares europeos. Esto significa que la acreditación se puede comprobar en línea, lo que facilita la validación por parte de empresas y otras instituciones, y encaja con el desarrollo del Espacio Europeo de Educación Superior y los nuevos modelos de la Europa del conocimiento.
El papel de las universidades en la oferta de microcredenciales
Las universidades españolas están aprovechando su experiencia docente e investigadora para diseñar microcredenciales de alta calidad académica, con contenidos actualizados y profesorado especializado. La Universitat Autònoma de Barcelona, por ejemplo, se define como una institución líder que ofrece una docencia de excelencia, diversificada, multidisciplinar y flexible, con una clara orientación a las necesidades de la sociedad y una fuerte vocación internacional en investigación.
Este tipo de universidades entienden las microcredenciales como una extensión natural de su misión formativa: no solo forman a estudiantes de grado o máster, sino que acompañan a la ciudadanía a lo largo de toda su vida profesional. Gracias a esa autonomía universitaria, pueden organizar programas propios adaptados a nichos concretos de conocimiento y a los retos presentes y futuros del entorno económico y social.
La Universitat Oberta de Catalunya (UOC) ejemplifica bien esta tendencia con su catálogo de microcredenciales organizado en diez grandes grupos de competencias y su nomenclatura de la UOC. Estas agrupaciones responden a ámbitos clave del nuevo entorno laboral, desde la transformación digital hasta la gestión de datos, la innovación social o la sostenibilidad. De este modo, el estudiantado puede identificar de un vistazo aquellas microcredenciales que encajan con el conjunto de capacidades que quiere reforzar.
En el caso de la Universidad de Cádiz, se insiste en que sus microcredenciales son certificaciones académicas oficiales que validan competencias muy específicas, pensadas para que el alumnado adquiera conocimientos especializados, mejore su perfil profesional y avance en su carrera de forma flexible y accesible. Aquí el acento recae especialmente en la conexión entre docencia universitaria y sector productivo.
En otras universidades, el despliegue de microcredenciales se enmarca en su oferta de formación permanente y títulos propios, combinando cursos cortos, programas de especialización y otras modalidades que permiten diseñar itinerarios a medida. Esta diversificación hace posible que cada persona encuentre un formato que se adapte a sus horarios, experiencias previas y objetivos concretos.
Marco legal y clasificación dentro de la formación permanente
Las microcredenciales y el resto de ofertas cortas universitarias se apoyan en el Real Decreto 822/2021, de 28 de septiembre, que regula la organización de las enseñanzas universitarias en España y los procedimientos para garantizar su calidad. Este texto legal distingue claramente entre los títulos universitarios oficiales (grado, máster y doctorado) y otras enseñanzas que las universidades pueden ofrecer en uso de su autonomía.
El artículo 36 del Real Decreto especifica que las universidades pueden impartir enseñanzas conducentes a la obtención de títulos distintos de los oficiales, los cuales se definen como títulos propios. Dentro de esta categoría se encuentran, entre otros, los cursos de formación permanente, los programas de posgrado propios y las propias microcredenciales que se van incorporando a la oferta académica.
Al hilo de este marco, algunas universidades han actualizado su normativa interna. La Universidad de Granada, por ejemplo, modificó su Normativa Reguladora de Enseñanzas Propias para adaptar la terminología y la clasificación de toda su formación permanente. A raíz de esa modificación, se clarifican las denominaciones de las distintas enseñanzas, lo que ayuda a que estudiantes, empresas y administraciones sepan qué tipo de titulación están cursando o reconociendo.
Dentro de esa estructura se sitúan figuras como el Curso de Formación Permanente, orientado a ampliar y poner al día conocimientos, competencias y habilidades formativas o profesionales. La finalidad principal es contribuir a una mejor inserción laboral de la ciudadanía, lo que encaja perfectamente con el espíritu de las microcredenciales, aunque estas sean unidades todavía más acotadas y modulares.
En este tipo de cursos de formación permanente, el acceso no exige disponer de un título universitario previo, sino cumplir con los requisitos que se piden para entrar en los estudios oficiales de grado. Esto abre la puerta a personas que, aun no habiendo completado un grado, quieren beneficiarse de la oferta universitaria para mejorar su empleabilidad o explorar nuevas áreas profesionales.
Ejemplos de microcredenciales en áreas muy diversas
Las microcredenciales se están desplegando en un abanico muy amplio de disciplinas, que van desde las ciencias sociales hasta la ingeniería, pasando por el ámbito jurídico, económico y psicológico. Esta variedad demuestra que el formato es versátil y se puede adaptar a prácticamente cualquier campo de conocimiento.
En el área de la psicología, encontramos propuestas como la microcredencial en atención a víctimas de violencia de género con un enfoque teórico-práctico. Este tipo de formación combina bases conceptuales con herramientas de intervención, y suele impartirse desde facultades especializadas, como la de Psicología. Además, se ofrecen con calendarios concretos (por ejemplo, con inicio en febrero de 2026) y con matrículas abiertas durante un periodo determinado.
En el terreno económico y empresarial, las universidades lanzan microcredenciales centradas en competencias muy demandadas por el tejido productivo. Algunos ejemplos son los programas para consultores de Sage X3 con reconocimiento internacional, la gestión digital de recursos empresariales con Sage o la formación en geoeconomía como entorno seguro. Todas ellas comparten un marcado enfoque práctico y un fuerte vínculo con tecnologías y herramientas utilizadas realmente en las empresas.
Otros títulos abordan contenidos como el diálogo social y la negociación colectiva, claves para la autogestión de las relaciones laborales y muy relevantes para quienes trabajan en recursos humanos, representación sindical o asesoría jurídica. En el ámbito del derecho también destacan microcredenciales centradas en regímenes económicos y fiscales específicos, como el Régimen Económico y Fiscal de Canarias (REF), que requieren un conocimiento técnico muy especializado.
En las ciencias políticas y la sociología surgen propuestas como la microcredencial en inteligencia sociojurídica, que combina análisis social con comprensión del marco legal, mientras que en ingeniería informática aparecen ofertas ligadas a la prevención y gestión del fraude, muy relacionadas con la ciberseguridad, el análisis de datos y los sistemas de información.
Junto a estas, también se desarrollan microcredenciales enfocadas a impulsar el emprendimiento y la captación de financiación para startups. Estas formaciones ayudan a entender mejor el ecosistema inversor, los instrumentos de financiación disponibles y las claves para presentar proyectos de forma atractiva ante potenciales financiadores, lo que resulta especialmente útil para personas que están poniendo en marcha nuevos negocios.
Microcredenciales, itinerarios formativos y certificación digital
Una de las ventajas más valoradas de las microcredenciales es que permiten construir itinerarios profesionales y de aprendizaje totalmente personalizados. En lugar de seguir un único plan cerrado durante varios años, la persona puede ir encadenando microcredenciales según sus intereses, su disponibilidad de tiempo y la evolución de su carrera.
Estas microformaciones están diseñadas para que la formación tenga una estructura modular y acumulable. En la práctica, esto significa que varias microcredenciales cursadas dentro de un mismo ámbito pueden sumarse y, en muchos casos, acabar integrándose en credenciales más amplias, como un diploma de especialización, un certificado avanzado o incluso parte de un programa de posgrado.
En el contexto europeo, cobra especial importancia la certificación digital verificable. Numerosas universidades indican que sus microcredenciales cuentan con este tipo de acreditación, alineada con los estándares de reconocimiento en Europa. Gracias a ello, empleadores y otras instituciones pueden comprobar de forma rápida y segura que la persona ha superado la formación y qué resultados de aprendizaje se le han reconocido.
Este enfoque modular y verificable encaja perfectamente con el impulso hacia un modelo de aprendizaje a lo largo de la vida, en el que se combinan distintos tipos de experiencias formativas (universitarias, profesionales, informales) que quedan registradas y reconocidas mediante credenciales digitales. Para el estudiantado, supone una forma transparente de demostrar qué sabe hacer, más allá del título principal que figure en su currículum.
Además, al existir microcredenciales en ámbitos tan diversos como la psicología, la economía, el derecho, la ingeniería o las ciencias sociales, se facilita la creación de perfiles híbridos y multidisciplinares, algo cada vez más demandado por las organizaciones. Por ejemplo, una persona puede combinar una microcredencial en prevención del fraude con otra en negociación colectiva o en inteligencia sociojurídica, construyendo un perfil difícil de encontrar en los itinerarios más tradicionales.
Accesibilidad económica: subvenciones, becas y descuentos
Otro de los aspectos que está impulsando la expansión de las microcredenciales es la existencia de planes públicos de financiación y ayudas, especialmente en determinadas comunidades autónomas. En Galicia, por ejemplo, se ha puesto en marcha un Plan de desarrollo de microcredenciales universitarias que subvenciona buena parte del coste de la matrícula.
Gracias a este plan, las personas de entre 25 y 64 años pueden acceder a microcredenciales con más de un 70 % de descuento, sin necesidad de disponer de titulación universitaria previa. Esto reduce de forma notable la barrera económica y permite que una parte mayor de la población se anime a dar el paso hacia la formación universitaria, aunque sea a través de cursos cortos y altamente focalizados.
El programa está impulsado a través de un convenio de colaboración firmado entre la Consellería de Educación, Ciencia, Universidades e Formación Profesional de la Xunta de Galicia y las universidades gallegas. La financiación procede de fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, y cuenta con apoyo de la Unión Europea a través del instrumento NextGenerationEU.
Además de estas subvenciones generales, se contemplan descuentos específicos para colectivos concretos, como miembros de la comunidad universitaria, personas egresadas (alumni), personas en situación de desempleo o quienes acrediten una discapacidad reconocida superior al 33 %. Todo ello contribuye a que la oferta de microcredenciales sea más inclusiva y esté al alcance de perfiles muy diversos.
En paralelo, se han lanzado iniciativas como las becas Santander Open Academy vinculadas a microcredenciales, que permiten cubrir total o parcialmente la matrícula de determinados programas dentro de planes específicos como «Becas Santander, microcredenciales 2025». Aunque algunas convocatorias ya han finalizado, la aparición de este tipo de ayudas muestra el interés de entidades financieras y otros agentes privados por apoyar la formación en competencias clave.
Las empresas, asociaciones y otras entidades también pueden mostrar oficialmente su interés en formar y reciclar a sus plantillas mediante microcredenciales, aprovechando estas bonificaciones públicas. Esta colaboración refuerza el vínculo entre universidad y tejido productivo, y asegura que los contenidos se mantengan alineados con lo que realmente se necesita en el día a día de las organizaciones.
Metodologías de aprendizaje, calidad y uso de la tecnología
Las universidades que apuestan por las microcredenciales suelen combinar su experiencia docente con metodologías de aprendizaje activas y uso intensivo de la tecnología. En muchos casos, se trata de programas en línea o semipresenciales, que facilitan la conciliación con el trabajo y otras responsabilidades personales.
Instituciones como la UOC, con una larga trayectoria en educación en línea, organizan sus microcredenciales en torno a grupos de competencias claramente definidos, lo que permite diseñar actividades, recursos digitales y sistemas de evaluación muy alineados con los resultados de aprendizaje que se quieren alcanzar. Se utilizan plataformas virtuales, materiales multimedia y herramientas colaborativas para hacer el proceso lo más interactivo posible.
La calidad de estas microcredenciales se apoya tanto en la experiencia investigadora de las universidades como en los mecanismos de aseguramiento de la calidad establecidos en el Real Decreto 822/2021. Aunque sean programas cortos y propios, deben ajustarse a criterios de rigor académico, actualización de contenidos y adecuación a las necesidades sociales y profesionales.
En este contexto, el uso de tecnologías como las cookies y otros sistemas de seguimiento se menciona en muchas webs universitarias con el fin de mejorar la experiencia de navegación y personalizar contenidos. A través del consentimiento informado, se procesan datos sobre el comportamiento de navegación o identificadores únicos que ayudan a optimizar el sitio, aunque se advierte de que no aceptar estas tecnologías puede limitar algunas funcionalidades.
Este entorno tecnológico, unido a la tendencia hacia certificados digitales verificables, apunta a un modelo en el que la formación, la acreditación y la interacción con el estudiantado se apoyan cada vez más en soluciones digitales, sin perder de vista la importancia de la tutorización, la evaluación rigurosa y el acompañamiento cercano por parte del profesorado.
En definitiva, el despliegue de microcredenciales dentro del sistema universitario español está configurando un ecosistema formativo más flexible, modular y conectado con el mercado laboral. Desde la normativa legal que las respalda hasta los ejemplos concretos en violencia de género, geoeconomía, fiscalidad canaria, fraude, negociación colectiva o emprendimiento, todo apunta a que estas certificaciones cortas seguirán ganando peso como herramienta clave para la recualificación profesional y el aprendizaje a lo largo de la vida.

