IA y ciberseguridad: cómo se atacan y cómo se defienden los sistemas

Última actualización: 4 enero 2026
  • La inteligencia artificial potencia tanto los ciberataques (deepfakes, phishing avanzado, ingeniería social) como las defensas.
  • El machine learning permite detectar anomalías, priorizar vulnerabilidades y reducir falsos positivos en entornos complejos.
  • Las soluciones de ciberseguridad basadas en IA abarcan endpoints, red, nube, autenticación y herramientas de análisis.
  • La combinación de talento humano especializado y tecnologías de IA será decisiva para la seguridad digital futura.

Inteligencia artificial y ciberseguridad

La inteligencia artificial y la ciberseguridad se han convertido en una pareja inseparable en el mundo digital actual. Cada clic, cada compra online y cada dato que subimos a la nube abre una puerta potencial a ataques, pero también genera oportunidades para defendernos mejor. Hoy, la IA no es solo un tema de moda: es la tecnología que está redefiniendo cómo se atacan y cómo se protegen los sistemas.

Al mismo tiempo, la IA también es un arma de doble filo: los ciberdelincuentes se apoyan en ella para perfeccionar sus estafas, crear contenidos falsos hiperrealistas y automatizar ataques que antes requerían mucho tiempo y esfuerzo humano. Por eso, entender cómo se usa la IA tanto para atacar como para defender es clave para cualquier persona u organización que quiera moverse por Internet con un mínimo de seguridad.

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IA como herramienta de ataque: deepfakes, estafas y phishing avanzado

Ciberataques con inteligencia artificial

La primera cara de esta moneda es incómoda: la IA ha democratizado el acceso a herramientas muy potentes para crear contenidos falsos convincentes a gran escala. Lo que antes exigía conocimientos técnicos avanzados, hoy está al alcance de cualquiera con un ordenador y algo de mala intención.

En el terreno del texto, modelos similares a ChatGPT permiten generar correos electrónicos, artículos y mensajes en redes con un estilo impecable y sin faltas, perfectos para campañas de desinformación, fake news o fraudes personalizados. Los atacantes pueden adaptar el lenguaje al tono de una empresa, una institución o incluso imitar la forma de escribir de una persona concreta.

En vídeo, herramientas como DeepFaceLab u otras soluciones de deepfake facilitan reemplazar rostros en grabaciones reales, de forma que resulte casi imposible distinguir el original del montaje. Esto abre la puerta a vídeos falsos de directivos dando órdenes de transferir dinero, políticos diciendo frases que jamás pronunciaron o celebridades respaldando productos inexistentes.

En el ámbito del audio, el software de clonación de voz, como el antiguo Lyrebird y soluciones actuales similares, es capaz de replicar timbres de voz con enorme precisión a partir de unos pocos minutos de grabación. El resultado son deepvoices con frases que la persona real nunca ha dicho, pero que suenan totalmente creíbles al oído de cualquiera.

Un ejemplo muy ilustrativo es el de estafas telefónicas donde los criminales clonan la voz de un familiar de la víctima. En una llamada urgente, el supuesto hijo, padre o hermano pide una transferencia inmediata alegando una emergencia. La víctima reconoce la voz, no sospecha del engaño y termina enviando una cantidad importante de dinero a la cuenta del delincuente.

Ingeniería social potenciada por IA: del phishing masivo al spear phishing quirúrgico

Ingeniería social y ataques de phishing

La ingeniería social consiste en manipular a las personas para que entreguen información sensible, instalen malware o realicen acciones que benefician al atacante. Con la IA generativa, estas técnicas han dado un salto cualitativo en precisión y volumen.

Hasta hace poco, organizar una campaña de phishing dirigida exigía investigar a fondo a la víctima: sus contactos, sus cargos, sus rutinas, el lenguaje interno de su empresa… Era un trabajo lento y caro, así que no se podía hacer a gran escala. Hoy, la IA puede rastrear redes sociales, noticias y fuentes públicas para construir en minutos un perfil detallado de la persona o del colectivo objetivo.

Los mensajes fraudulentos ya no son esos correos llenos de errores llamando “querido cliente” sin más: ahora pueden mencionar procesos reales de la empresa, nombres de compañeros o proyectos en curso. Eso es lo que se conoce como spear phishing, ataques de phishing altamente personalizados que apenas representan el 0,1 % del total de correos, pero que están detrás de alrededor del 66 % de las brechas de seguridad según estudios del sector.

Además de los correos electrónicos clásicos, han proliferado otros canales de engaño: SMS (smishing), mensajes en redes sociales, llamadas telefónicas (vishing), memorias USB “olvidadas” (baiting) y códigos QR manipulados (QRishing). Con IA generativa es sencillísimo producir textos pulidos, sin errores gramaticales y con un tono que imita al de bancos, empresas de mensajería, plataformas de criptomonedas o administraciones públicas.

Una de las técnicas más habituales es el uso de plataformas falsas de inversión o criptomonedas, cuidadas al detalle, donde las víctimas introducen sus credenciales pensando que acceden a su bróker real. Los atacantes, gracias a esa información, se conectan a las cuentas auténticas y vacían los fondos sin dejar apenas rastro.

Impacto real de los ciberataques y cambio de objetivos

Este incremento en sofisticación se refleja directamente en las cifras. Según datos recientes del Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), en España se han llegado a registrar más de 97.000 incidentes de ciberseguridad en un solo año, con incrementos de dos dígitos respecto al año anterior. El problema no es solo técnico: afecta de lleno a la reputación y supervivencia de los negocios.

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No es de extrañar que alrededor del 64 % de los directivos españoles considere que un ciberataque grave a la imagen de su organización podría dañar de forma significativa el negocio. Más allá del dinero robado, están las sanciones por incumplir normativa, la pérdida de confianza de los clientes y el coste interno de gestionar la crisis.

También han cambiado los objetivos principales de los atacantes. Antes, lo más común era buscar credenciales bancarias o pagos directos mediante engaños. Con la generalización de métodos de autenticación fuerte (como biometría o doble factor), cada vez se orientan más a instalar malware en los dispositivos para tener control persistente del equipo, moverse lateralmente por la red y extraer información valiosa a largo plazo.

Internet, además, facilita una sensación de anonimato: los delincuentes no necesitan exponerse físicamente, pueden automatizar muchos procesos y atacar simultáneamente a miles o millones de usuarios. Si a eso le sumamos IA generativa que produce texto, audio y vídeo al instante, tenemos el caldo de cultivo perfecto para ataques masivos muy bien construidos.

Cómo ayuda la IA a reforzar la ciberseguridad

Frente a este panorama, la buena noticia es que la IA es también una aliada potentísima para la defensa. Los equipos de seguridad se enfrentan a más datos que nunca, a entornos híbridos (nube + on‑premise) y a una superficie de ataque que no para de crecer. Sin automatización y modelos inteligentes, sería directamente imposible estar al día.

Una de las aplicaciones más claras es la detección rápida de amenazas. Soluciones como SIEM, XDR o NDR generan y agregan miles de eventos por segundo: accesos, cambios de configuración, tráfico de red, logs de aplicaciones… La mayoría son inocuos, pero unos pocos indican un ataque en curso. Los modelos de IA analizan patrones, correlacionan señales dispersas y elevan únicamente los incidentes que realmente importan al equipo humano.

La IA también simplifica enormemente la elaboración de informes e inteligencia accionable. A partir de múltiples fuentes de datos (registros, telemetría de endpoints, feeds de amenazas externas, tráfico de red), es capaz de generar resúmenes claros, en lenguaje natural, que un analista puede compartir de inmediato con dirección, legal o cualquier área afectada.

Otro frente fundamental es la gestión de vulnerabilidades que pasan desapercibidas: dispositivos desconocidos en la red, aplicaciones en la nube no inventariadas, sistemas operativos sin parches o datos sensibles expuestos. Aquí los algoritmos se especializan en detectar desviaciones respecto al “estado normal” del entorno.

A mayores, la IA generativa está ayudando a reducir la barrera de entrada para los analistas más junior. Gracias a interfaces conversacionales, ya no hace falta saber escribir consultas complejas para investigar un incidente; se pueden formular preguntas en lenguaje natural y recibir no solo el dato, sino también pasos de corrección sugeridos y recomendaciones estratégicas.

Aplicaciones concretas de IA en ciberseguridad

Aterrizando todo lo anterior, la IA ya se usa de forma muy extendida en múltiples capas de defensa, desde el endpoint hasta la red, pasando por la nube y la autenticación de usuarios.

En la protección y autenticación de contraseñas, los modelos de riesgo analizan el comportamiento de cada inicio de sesión: ubicación, dispositivo, horario, forma de teclear, rutas de navegación, etc. Cuando el patrón se desvía de lo esperado, se endurece la verificación (por ejemplo, exigiendo pasos adicionales) o se bloquea el intento, reduciendo el fraude en un porcentaje muy elevado.

En la detección y prevención de suplantación de identidad, la IA evalúa en tiempo real el contexto de una transacción o petición (cambio de IBAN, alta de beneficiario, acceso a datos sensibles) y ajusta el nivel de seguridad. También compara el comportamiento histórico del usuario con el actual para ver si encaja o huele a cuenta comprometida.

En la gestión de vulnerabilidades, el aprendizaje automático prioriza qué fallos corregir antes en función de la probabilidad de explotación, la criticidad de los sistemas afectados y la actividad real observada en la red. No basta con saber qué vulnerabilidades existen: hace falta decidir dónde poner el esfuerzo.

En la seguridad de red, los modelos analizan el tráfico para detectar anomalías, movimientos laterales, exfiltración de datos o comunicaciones con servidores de mando y control. Las soluciones NDR (Network Detection and Response) basadas en IA son especialmente eficaces para este propósito.

Por último, en el análisis conductual (de usuarios y de sistemas), los algoritmos construyen un perfil de normalidad y levantan banderas cuando algo se sale del patrón: accesos a horas raras, consultas masivas a bases de datos, uso inusual de ancho de banda o ejecución de procesos poco frecuentes.

Herramientas de ciberseguridad impulsadas por IA más destacadas

En el mercado ya existe un ecosistema muy maduro de soluciones de ciberseguridad que integran IA y machine learning en mayor o menor medida. Cada una se centra en una parte concreta del problema, aunque muchas plataformas tienden a cubrir todo el ciclo: prevención, detección, respuesta y análisis posterior.

Las soluciones de seguridad de endpoint apoyadas en IA han sustituido en buena medida el modelo clásico de antivirus basado en firmas. En lugar de depender de listas estáticas, estos productos analizan el comportamiento de procesos y aplicaciones en tiempo real, detectan patrones sospechosos y bloquean actividades antes de que el malware se asiente.

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Los firewalls de nueva generación (NGFW) con capacidades de IA no solo filtran tráfico por puertos y direcciones IP, sino que inspeccionan el contenido, identifican aplicaciones concretas, detectan patrones anómalos y aplican políticas dinámicas de acceso según el riesgo que calculan al vuelo.

Las plataformas SIEM (Security Information and Event Management) modernas han incorporado machine learning para correlacionar eventos repartidos por toda la infraestructura. Esto permite descubrir incidentes complejos que, vistos de forma aislada, parecerían inofensivos.

En la nube, múltiples proveedores ofrecen soluciones de protección específicas basadas en IA para entornos IaaS, PaaS y SaaS. Estas herramientas identifican configuraciones inseguras, accesos sospechosos a cuentas privilegiadas y comportamientos irregulares en servicios críticos como correo corporativo o almacenamiento de documentos.

Finalmente, las soluciones NDR con IA se han consolidado como imprescindibles en redes complejas. Su función principal es escuchar el tráfico, extraer características relevantes y detectar patrones de ciberamenaza, tanto conocidos como completamente nuevos.

Casos representativos de herramientas que usan IA en ciberseguridad

Más allá de las categorías generales, hay soluciones concretas muy conocidas que ilustran bien cómo se materializa el uso de IA en productos reales orientados a empresas y usuarios finales.

Por ejemplo, algunos fabricantes especializados en sistemas para Mac y Windows integran motores de aprendizaje automático que analizan el comportamiento del malware en tiempo real. Su enfoque es preventivo: buscan frenar el ataque antes de que cause daño, aprovechando grandes repositorios de muestras para identificar similitudes con amenazas nuevas.

Otras plataformas, como las dedicadas a la defensa de redes corporativas con enfoque “inmune”, se basan en modelos que aprenden el comportamiento normal de cada entorno. Cuando detectan actividades raras en el tráfico o en las acciones de los usuarios, aíslan dispositivos, cortan conexiones potencialmente dañinas y afinan sus algoritmos con cada incidente gestionado.

También existen soluciones orientadas a detección de amenazas en Office 365, Azure AD, Microsoft 365 o AWS mediante modelos de IA que monitorizan de forma continua el uso de estas plataformas en la nube. Los precios suelen variar según el alcance: desde cuotas mensuales reducidas por funciones básicas hasta tarifas elevadas para coberturas avanzadas de entornos cloud complejos.

En el terreno de la protección del usuario final frente a estafas, han aparecido herramientas gratuitas que analizan mensajes sospechosos, pantallazos y textos para detectar indicios de scam. Estas soluciones se alimentan de grandes bases de datos de estafas conocidas, utilizan procesamiento de lenguaje natural para localizar señales de alarma (urgencias, regalos, premios, chantajes) y marcan el contenido como peligroso cuando detectan patrones coincidentes.

En la gama alta empresarial, plataformas nativas en la nube para detección y respuesta en endpoints (EDR) y protección ampliada (XDR) combinan sensores ligeros en los dispositivos, una gran infraestructura de análisis en la nube basada en IA y consolas muy visuales. Su objetivo es reducir los tiempos de detección y respuesta, y ofrecer a los equipos de seguridad un contexto completo de cada incidente.

Formación y perfiles profesionales en IA y ciberseguridad

La demanda de talento que combine conocimiento profundo en ciberseguridad e inteligencia artificial está creciendo a toda velocidad. Universidades y centros especializados ya ofrecen grados y másteres diseñados específicamente para cubrir esta necesidad.

Estos planes de estudios suelen partir de una base sólida en informática general, matemáticas y programación, y progresan hacia asignaturas avanzadas de IA (aprendizaje automático, aprendizaje profundo, minería de datos, robótica, visión por computador) y módulos específicos de seguridad (redes, criptografía, ingeniería del software seguro, pentesting, respuesta a incidentes, informática forense).

Además, muchos de estos programas incluyen materias claramente híbridas, como ciberseguridad en sistemas de IA, sistemas de IA ciberseguros, robustez y explicabilidad o seguridad en entornos cloud e IoT. El objetivo es que el futuro profesional sea capaz tanto de proteger modelos de IA frente a ataques como de integrar IA para reforzar sistemas defensivos.

Las salidas profesionales son variadas: administradores de seguridad, desarrolladores de aplicaciones seguras, analistas de seguridad, arquitectos de soluciones, consultores, auditores, hackers éticos, analistas de malware, CSO/CISO y, por el lado de la IA, ingenieros de sistemas inteligentes, especialistas en I+D, expertos en aprendizaje automático aplicado a la seguridad y analistas de datos orientados a ciberamenazas.

Este tipo de formación también prepara a los egresados para incorporarse a equipos de investigación en universidades, institutos tecnológicos o departamentos de I+D de empresas, donde se trabaja en nuevas arquitecturas seguras, algoritmos defensivos avanzados y aplicaciones de IA a entornos industriales, robóticos o ciberfísicos.

IA, machine learning y deep learning: qué hacen realmente en seguridad

Conviene matizar qué entendemos por IA, machine learning (ML) y deep learning (DL) cuando hablamos de ciberseguridad, porque muchas veces se meten en el mismo saco tecnologías que no son equivalentes.

La inteligencia artificial, en sentido amplio, engloba los métodos que buscan simular capacidades “inteligentes” (razonar, aprender, tomar decisiones). El machine learning es una subrama que se centra en que los sistemas aprendan a partir de datos, identificando patrones y mejorando su rendimiento con la experiencia.

El aprendizaje profundo, por su parte, utiliza redes neuronales con muchas capas para procesar información compleja. En seguridad, DL se emplea, por ejemplo, para analizar tráfico de red, clasificar malware, detectar anomalías o interpretar imágenes y audio, aunque aún suele estar integrado dentro de marcos de ML más generales.

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En ciberseguridad, el ML actual está muy orientado a la precisión en tareas concretas: dado un conjunto de datos, buscar la mejor decisión posible dentro de ese marco. No “entiende” el contexto como un humano, pero es insuperable a la hora de digerir grandes volúmenes de información y encontrar correlaciones invisibles a simple vista.

La IA más autónoma, capaz de razonar de forma creativa y abstracta como una persona, está aún lejos de implantarse en producción para tareas críticas de seguridad. Hoy, el papel ideal de estos sistemas es aumentar la capacidad de los equipos humanos, no sustituirlos.

Funciones clave del machine learning en ciberseguridad

Dentro de la seguridad moderna, el machine learning se aplica a varias funciones esenciales que ayudan a clasificar, agrupar, recomendar y prever comportamientos relacionados con amenazas y vulnerabilidades.

La clasificación de datos usa reglas y modelos entrenados para etiquetar puntos de datos: tipo de archivo, categoría de tráfico, naturaleza de un evento. Esto es clave para entender qué se está viendo en los logs y cómo encaja cada elemento en el panorama global.

La agrupación (clustering) de datos permite descubrir colecciones de eventos raros o atípicos que comparten características extrañas. Es especialmente útil para analizar ataques nuevos, técnicas que no están en las bases de datos o patrones que aún no han sido catalogados formalmente.

Los cursos de acción recomendados son otro resultado típico del ML en herramientas de seguridad: a partir de las decisiones tomadas en el pasado ante incidentes similares, el sistema sugiere qué hacer cuando se presenta una situación parecida. No decide solo, pero sirve de guía y ahorra tiempo al equipo.

La síntesis de posibilidades y el pronóstico predictivo llevan esto un paso más allá: se modelan escenarios de ataque, se evalúan los riesgos de ciertas configuraciones o acciones y se anticipan consecuencias probables. Esto se aplica, por ejemplo, en la detección de fraude, la prevención de fugas de datos y la protección predictiva de endpoints.

Ejemplos prácticos del uso de ML en seguridad

Para verlo de manera más tangible, conviene revisar algunos ejemplos concretos en los que el machine learning ya está marcando la diferencia en ciberseguridad.

En clasificación y cumplimiento de privacidad de datos, los modelos ayudan a separar información personal identificable de datos anonimizados o menos sensibles. Esto es crucial para cumplir con normativas como el RGPD o la CCPA y responder con agilidad cuando un usuario ejerce su derecho de acceso o borrado.

En los perfiles de comportamiento de usuarios, se aprende cómo suele actuar cada empleado: horarios, aplicaciones usadas, volúmenes de datos, ubicaciones habituales. A partir de ahí, se pueden detectar accesos sospechosos o movimientos extraños que encajan más con un intruso que con el usuario legítimo.

De forma análoga, se construyen perfiles de rendimiento de sistemas que describen cómo se comporta un equipo o servidor cuando está sano. Picos raros de CPU, uso excesivo de red o lecturas de disco anómalas pueden indicar infecciones, procesos maliciosos o exfiltración de datos.

El bloqueo de bots basados en comportamiento es otra aplicación muy extendida: distinguiendo entre tráfico humano y automatizado, se puede filtrar el acceso de scripts maliciosos y redes de bots que intentan robar credenciales, tumbar servicios o scrapear contenido.

Retos, riesgos y futuro de la IA en ciberseguridad

Todo este potencial viene acompañado de retos importantes y limitaciones que no conviene pasar por alto. El ML necesita grandes volúmenes de datos para entrenar modelos robustos, pero debe hacerlo respetando las leyes de privacidad y los derechos de los usuarios.

Hay líneas de trabajo enfocadas en anonimizar los datos de entrenamiento y en técnicas que impidan reconstruir información personal a partir de los modelos ya entrenados. Aun así, persiste la tensión entre necesidad de datos y protección de la privacidad, y las empresas deben revisar regularmente sus políticas y bases legales.

Otro problema es la falta de personal con doble perfil: experto en IA y experto en ciberseguridad. La demanda global supera de largo a la oferta, lo que puede traducirse en implementaciones deficientes, modelos mal ajustados o dependencia excesiva de terceros sin un control interno suficiente.

Además, la IA no es infalible: los atacantes también la utilizan para probar nuevas variantes de malware, generar phishing creíble o incluso atacar directamente a los modelos (por ejemplo, con datos envenenados). Por eso, la supervisión humana sigue siendo obligatoria y los equipos deben entender cómo funcionan estas herramientas para no confiar ciegamente en ellas.

El horizonte que se vislumbra es un ecosistema en el que equipos humanos e IA trabajan mano a mano: la tecnología se encarga de lo repetitivo, voluminoso y rápido; las personas aportan contexto, ética, priorización y creatividad en la respuesta ante incidentes.

La convergencia entre inteligencia artificial y ciberseguridad está transformando tanto la manera de atacar como la de defender los sistemas, y todo apunta a que esta tendencia se acelerará en los próximos años: aprovechar al máximo estas capacidades, formar perfiles mixtos, desplegar buenas prácticas de protección de datos y mantener siempre un componente humano crítico serán las claves para sobrevivir en un entorno digital donde los errores se pagan cada vez más caros.