- El PIB de Maldivas ronda los 7.000 millones de dólares y crece en torno al 3,3 %, con un fuerte peso del turismo y del sector público.
- La deuda pública supera el 130 % del PIB, con un déficit cercano al 14 % y un gasto público que ronda el 46 % de la economía.
- El PIB per cápita se sitúa alrededor de 17.500 dólares, con un IDH medio-alto pero retos importantes en igualdad de género y sostenibilidad social.
- La economía es muy abierta y dependiente de importaciones y turismo, vulnerable al cambio climático y con necesidad de diversificar e innovar.
El PIB de Maldivas en 2024 refleja una economía pequeña en tamaño pero muy dinámica, fuertemente apoyada en el turismo y los servicios. Aunque a primera vista pueda parecer un país diminuto perdido en el Índico, sus cifras macroeconómicas muestran una realidad compleja, con un ritmo de crecimiento notable, un nivel de endeudamiento muy elevado y unos indicadores sociales que avanzan, pero con claros retos pendientes.
Conviene tener presente que Maldivas combina un PIB en expansión con una elevada deuda pública, un déficit considerable y una fuerte dependencia del exterior, tanto para el comercio de bienes como para la financiación. Aun así, el país ha logrado situarse en posiciones intermedias en algunos rankings internacionales de desarrollo humano, competitividad turística y paz, lo que lo convierte en un caso interesante para analizar si estás pensando en invertir, hacer negocios o simplemente entender mejor cómo funciona su economía.
Dimensión del PIB de Maldivas y evolución reciente
En 2024, el Producto Interior Bruto de Maldivas alcanzó los 6.517 millones de euros, equivalentes a unos 7.052 millones de dólares. Con este volumen, la economía maldiva se sitúa aproximadamente como la número 159 del mundo por tamaño de PIB, entre 196 países con datos publicados. Dentro de la clasificación global, Maldivas representa una porción muy pequeña de la actividad económica mundial.
Si se toman los datos en dólares constantes, las cifras del Banco Mundial y de otros organismos apuntan a que el PIB de Maldivas se situó alrededor de 6,98 mil millones de dólares en 2024. Ese valor supone cerca del 0,01 % del PIB global, subrayando el papel marginal del país en términos de peso absoluto, pero no por ello resta importancia a su evolución interna ni a su relevancia como destino turístico y de inversión regional.
La tasa de crecimiento del PIB real en 2024 fue del 3,3 % con respecto a 2023. Este avance es positivo, aunque algo más moderado que el del año anterior, cuando el incremento fue del 4,9 %. En otras palabras, la economía sigue expandiéndose, pero el ritmo se ha enfriado ligeramente, con una desaceleración de unas 16 décimas. Aun así, sigue siendo un crecimiento respetable para un país muy dependiente de sectores cíclicos como el turismo.
En términos de variación en valor absoluto, el PIB de Maldivas aumentó en 405 millones de euros frente a 2023, lo que equivale a unos 441 millones de dólares adicionales de producción de bienes y servicios. Este incremento muestra cómo la economía continúa ampliándose, impulsada por la recuperación turística, el gasto público y la inversión en infraestructuras.
Mirando la serie histórica, el PIB de Maldivas ha crecido de forma muy notable desde los años ochenta. Entre 1980 y 2024, el producto interior bruto promedió unos 1,94 mil millones de dólares, con un mínimo de apenas 0,04 mil millones en 1981 y un máximo histórico próximo a los 6,98 mil millones en 2024. Esto da una idea del salto estructural que ha dado el país en pocas décadas, apoyado sobre todo en el turismo internacional y la expansión de servicios relacionados.
Proyecciones del PIB de Maldivas a medio plazo
Los modelos macroeconómicos y previsiones de analistas internacionales apuntan a que el PIB de Maldivas podría rondar los 6,85 mil millones de dólares a finales de 2025. Aunque la estimación es ligeramente inferior a la cifra de 2024 en algunos escenarios, se trata de proyecciones que pueden verse condicionadas por factores como la afluencia turística, el contexto global y las políticas internas.
A más largo plazo, las proyecciones econométricas señalan que el PIB maldivo podría situarse sobre los 7,14 mil millones de dólares en 2026 y alrededor de 7,44 mil millones en 2027. Estas cifras, aunque modestas en términos absolutos, significan que la economía seguiría una senda de crecimiento gradual, consolidando la recuperación posterior a los momentos más duros de la pandemia de COVID-19.
En paralelo, el componente público dentro de la actividad económica también muestra una senda claramente expansiva. El PIB de la Administración Pública de Maldivas alcanzó los 8.803 millones de MVR (rufiyaas) en 2024, por encima de los 7.331 millones de MVR de 2023. Esta rúbrica representa la producción y el valor añadido generado por el sector público y es significativa si se considera el tamaño total de la economía.
Tomando la serie de 1995 a 2024, el PIB de la Administración Pública ha promediado cerca de 3.994 millones de MVR, con un mínimo de 930 millones en 1995 y el citado máximo de 8.803 millones en 2024. Esto implica que el Estado ha ido ganando peso y capacidad de gasto, apoyando servicios básicos, inversión en infraestructuras y políticas sociales, pero también contribuyendo al aumento del endeudamiento.
De cara a los próximos años, las estimaciones macroeconómicas sugieren que el PIB de la Administración Pública podría situarse alrededor de 8.150 millones de MVR a finales de 2025, para estabilizarse levemente por encima en 2026 y 2027, en torno a 8.493 y 8.849 millones de MVR, respectivamente. Estos números anticipan un sector público todavía muy presente, aunque con cierta moderación en su ritmo de expansión.
PIB per cápita y nivel de vida en Maldivas
Uno de los indicadores clave para evaluar el bienestar económico de la población es el PIB per cápita. En 2024, Maldivas registró un PIB por habitante de unos 16.130 euros, equivalente a aproximadamente 17.454 dólares. Con estas cifras, el país se ubica en el puesto 64 del ranking mundial de PIB per cápita entre 196 economías analizadas.
A pesar de lo que pueda sugerir esa posición, los análisis comparativos califican que el nivel de vida de los maldivos es relativamente bajo en relación con el resto de países del listado. Esto se debe a varios factores: fuerte desigualdad entre zonas turísticas y atolones menos desarrollados, costes elevados de importación de bienes básicos, vulnerabilidad climática y un mercado laboral con limitaciones en diversificación y salarios.
En términos de población, Maldivas cuenta con algo más de 525.000 habitantes (525.994 personas según los últimos datos consolidados), lo que lo sitúa en torno al puesto 169 del mundo por población. Sin embargo, la superficie del país es extremadamente pequeña, apenas unos 300 km² de tierra emergida repartida en numerosos atolones. Esto conduce a una densidad de población muy alta, de unos 1.753 habitantes por km², una de las más elevadas del planeta.
El Índice de Desarrollo Humano (IDH) de Naciones Unidas sitúa a Maldivas en una posición intermedia. Con un valor cercano a 0,762 en 2022, el país se coloca aproximadamente en el puesto 87 del ranking global. Esto indica unos niveles razonables de esperanza de vida, educación e ingreso, pero todavía por debajo de las economías desarrolladas y con margen evidente de mejora en ámbitos como la protección social, la calidad institucional o la igualdad de género.
La esperanza de vida en Maldivas ronda los 81 años en la estimación más reciente, una cifra elevada para un país de renta media y que refleja los avances en salud pública y acceso a servicios sanitarios. La tasa de fecundidad, en torno a 1,58 hijos por mujer, se sitúa por debajo del nivel de reemplazo, mientras que la tasa de natalidad gira alrededor de 11 nacimientos por mil habitantes y la mortalidad general se mantiene muy baja, en el entorno de 2,3 muertes por mil.
Deuda pública, déficit y finanzas del Estado
Uno de los aspectos más llamativos del análisis económico de Maldivas es su elevado nivel de deuda pública. En 2024, el endeudamiento del sector público alcanzó aproximadamente 8.689 millones de euros, equivalentes a unos 9.402 millones de dólares. Esta cifra representa alrededor del 133,32 % del PIB, situando a Maldivas entre los países del mundo con mayor deuda relativa a su producción anual.
Si se distribuye esa carga entre la población, la deuda per cápita ronda los 16.519 euros por habitante, o unos 17.874 dólares. Para un país de renta media y con una base económica tan pequeña, se trata de un nivel de endeudamiento muy exigente, que limita el margen fiscal y hace al país especialmente vulnerable a cambios en las condiciones financieras internacionales, subidas de tipos de interés o caídas súbitas del turismo.
Ligado a esa situación, Maldivas presenta un déficit público considerable. En 2024, el saldo negativo de las cuentas públicas se situó en torno a -906 millones de euros (unos -980 millones de dólares), lo que supone aproximadamente un déficit del 13,9 % del PIB. Esta brecha recurrente entre ingresos y gastos obliga al país a seguir recurriendo a financiación externa, elevando la deuda año tras año si no se corrige.
El gasto público total representó alrededor del 46 % del PIB en 2024, una proporción alta para una economía tan abierta y dependiente de la demanda externa. El gasto público per cápita alcanzó aproximadamente 5.710 euros (unos 6.178 dólares) por habitante. Buena parte de ese gasto se dirige a educación, sanidad, infraestructuras y servicios básicos, pero también tiene un componente significativo de costes corrientes y subvenciones.
En materia de calificación crediticia, las agencias internacionales han ido revisando la situación de Maldivas a lo largo de los últimos años. Los ratings de firmas como Moody’s, S&P y Fitch han oscilado entre categorías como B- y A- en diferentes momentos, reflejando cierto riesgo asociado al alto endeudamiento, la vulnerabilidad climática y la fuerte dependencia del turismo. Estos ratings condicionan el coste de financiación externa del país.
Gasto público en educación, salud y defensa
Dentro del presupuesto estatal, la educación y la sanidad absorben una parte significativa del gasto público. Aunque las cifras más recientes disponibles corresponden en algunos casos a 2022 y 2023, sirven para ilustrar la magnitud del esfuerzo fiscal. En torno a 2023, el gasto en educación se situó cerca de 315,8 millones de euros (unos 341,6 millones de dólares), mientras que el gasto sanitario se aproximó a los 444,9 millones de euros (481 millones de dólares).
En términos relativos, la educación representó alrededor del 9,6 % del gasto público en los últimos años, y la sanidad algo más del 15 %. Estas proporciones son relevantes para un país con un presupuesto limitado y muestran el esfuerzo del gobierno por consolidar el capital humano y mejorar la salud de la población. No obstante, dada la elevada deuda y el déficit, mantener estos niveles de inversión social supone un reto presupuestario.
Si se mide el gasto por habitante, el gasto educativo per cápita se situó en torno a 795 euros (aproximadamente 860 dólares), mientras que el gasto público en salud por persona alcanzó cerca de 846 euros (unos 915 dólares), en los últimos datos disponibles. Estas cifras son relativamente elevadas para una economía de su tamaño y nivel de renta, lo que pone de manifiesto la importancia que el país concede a los servicios básicos.
En cuanto a defensa, el desembolso es menor, pero no despreciable. El gasto en defensa per cápita ronda los 467 euros (unos 503 dólares), y supone aproximadamente un 3,2 % del gasto público total. Aunque Maldivas no se enfrenta a amenazas militares directas, debe mantener capacidades de seguridad marítima, protección de infraestructuras críticas y gestión de emergencias, especialmente por su dispersión geográfica en atolones.
Todo este conjunto de partidas -educación, sanidad, defensa e inversión general- alimenta un volumen de gasto que, si bien contribuye al desarrollo, también empuja al alza el endeudamiento del Estado. El principal desafío de las finanzas públicas de Maldivas pasa por equilibrar la necesidad de inversión social con la sostenibilidad fiscal, evitando que el peso de la deuda se convierta en un freno insalvable al crecimiento futuro.
Mercado laboral, salarios y presión fiscal
El mercado de trabajo maldivo presenta una tasa de desempleo cercana al 10 % a finales de 2025. Los últimos datos sitúan el paro alrededor del 10,0 % en diciembre de 2025 y del 9,9 % en el cuarto trimestre de ese mismo año, con aproximadamente 2.477 personas desempleadas (en miles, según la metodología del indicador). Se trata de un nivel significativo para un país con una población relativamente pequeña y una fuerte actividad turística.
Los salarios muestran una dualidad típica de economías turísticas: por un lado, empleos bien remunerados en hoteles, resorts y servicios especializados, y por otro, sueldos más modestos en sectores tradicionales. El salario medio anual se ha estimado en torno a 31.698 euros (unos 34.310 dólares), aunque esta cifra puede verse influida por el peso de determinados perfiles profesionales y por la presencia de trabajadores extranjeros.
En cuanto al salario mínimo, Maldivas dispone de un SMI que en 2022 rondaba los 327 euros mensuales (unos 370,5 dólares), con previsiones de incremento progresivo hacia cifras superiores a 1.300-1.600 euros/dólares en el horizonte 2026, según los ajustes y conversiones indicativos disponibles. Aunque el salario mínimo aporta una referencia básica, muchos trabajadores en sectores informales o poco regulados pueden situarse por debajo de esa barrera.
La presión fiscal, entendida como el peso total de los impuestos sobre el PIB, se ha movido alrededor del 20-21 % en los últimos años. En 2022, la carga impositiva se situó en torno al 20,4 % del PIB, con estimaciones cercanas al 37 % en algunos cálculos más amplios de 2024 que incluyen diversas figuras tributarias. El tipo general del impuesto sobre el valor añadido (IVA) se mantiene alrededor del 21 %, mientras que el tipo máximo del impuesto sobre la renta u otras figuras alcanza aproximadamente el 45 %.
Esta estructura impositiva trata de equilibrar la necesidad de recaudar ingresos suficientes para sostener el gasto público con el objetivo de no ahogar la actividad económica ni el atractivo turístico. No obstante, el elevado endeudamiento y el déficit obligan a Maldivas a ser especialmente cuidadosa en la gestión de sus ingresos tributarios y en la eficacia del gasto público.
Inflación, tipos de interés y entorno de precios
La inflación en Maldivas se ha mantenido en niveles relativamente contenidos en los últimos datos disponibles. La variación anual del índice de precios al consumo (IPC) en diciembre de 2025 fue del 0,4 %, lo que indica una subida muy moderada de los precios. Este entorno de inflación baja resulta positivo para el poder adquisitivo de los hogares, aunque también puede reflejar cierta debilidad de la demanda interna.
El índice armonizado de precios (IPCA) se ha situado en torno al 3,0 % en el mismo periodo, mientras que algunos indicadores de precios industriales (IPRI) han registrado incluso variaciones negativas cercanas al -3,0 %, señal de cierta corrección en los precios de producción. En conjunto, el país no presenta tensiones inflacionistas significativas en la actualidad, a diferencia de otras economías que han sufrido fuertes repuntes de precios tras la pandemia.
En el ámbito de la política monetaria y los tipos de interés, los últimos datos apuntan a una evolución desde niveles relativamente altos hacia tipos más moderados. En 2012 se llegaron a registrar tipos en el entorno del 7 %, mientras que en junio de 2025 se manejaban tipos de referencia próximos al 2,15 %. Este descenso ayuda a abaratar la financiación, aunque el impacto en la deuda pública es ambivalente, ya que un volumen tan alto de deuda sigue siendo sensible a cualquier subida futura.
La estabilidad de precios, junto con unos tipos de interés relativamente bajos, favorece las decisiones de consumo e inversión, pero la economía maldiva continúa condicionada por factores externos como el turismo internacional, el coste del transporte marítimo y la cotización del dólar, ya que buena parte de sus transacciones se realizan en divisa extranjera y la rufiya está muy vinculada a ella.
En los mercados financieros, la rentabilidad del bono a 10 años se sitúa en torno al 3,2-3,3 %, con una prima de riesgo moderada frente a otras economías. La bolsa local muestra variaciones anuales algo volátiles, aunque el volumen total de capitalización y negociación sigue siendo reducido en comparación con los grandes mercados regionales.
Apertura exterior, comercio y turismo
Maldivas es una economía extremadamente abierta y dependiente del exterior, tanto para la importación de bienes como para la llegada de turistas, que constituyen la principal fuente de divisas. El país importa la mayor parte de los productos manufacturados, alimentos procesados, combustibles y bienes de equipo que necesita para su actividad cotidiana y para mantener la infraestructura turística.
En el ámbito comercial, las exportaciones de bienes alcanzaron cerca de 389,7 millones de euros en 2023 (unos 421,4 millones de dólares), mientras que las importaciones superaron ampliamente esa cifra, con alrededor de 3.234,2 millones de euros (unos 3.497,2 millones de dólares). Esto genera un déficit estructural en la balanza comercial de bienes, compensado en parte por los ingresos del turismo y otros servicios.
Las exportaciones representan en torno al 6-7 % del PIB, mientras que las importaciones se sitúan en niveles mucho más altos, cercanos al 53 % del PIB en 2023. Como resultado, la balanza comercial es fuertemente negativa, con un saldo en 2023 próximo a -2.844,5 millones de euros (unos -3.075,8 millones de dólares), equivalente a alrededor de un -46,5 % del PIB. Este patrón refleja una economía que compra mucho más de lo que vende en términos de mercancías.
El turismo internacional compensa parte de este desequilibrio. En los últimos años con datos completos, Maldivas ha recibido más de 1,6 millones de llegadas de turistas anuales, cifra que sigue creciendo y que constituye la principal fuente de divisas y empleo del país. Las islas son un destino de lujo muy consolidado, con una oferta de resorts de alto nivel que atraen a viajeros de Europa, Asia y Oriente Medio.
El país también registra un cierto nivel de remesas vinculadas a trabajadores emigrantes e inmigrantes. Aunque los montos no son comparables a los de grandes países emisores o receptores de remesas, hay flujos tanto de entrada como de salida relacionados con la diáspora maldiva y con la presencia de trabajadores extranjeros que envían dinero a sus países de origen.
Entorno para los negocios, corrupción e innovación
Para quienes valoran Maldivas como destino de inversión, es importante considerar su marco regulatorio y clima de negocios. En el ranking Doing Business del Banco Mundial (edición 2020), el país se situaba en el puesto 147 de 190 economías analizadas, lo que indica que, aunque hay avances, todavía existen trabas administrativas, regulatorias y de infraestructura para la actividad empresarial.
En cuanto a la percepción de la corrupción, el país obtuvo alrededor de 39 puntos en el Índice de Percepción de la Corrupción, situándose en torno a la posición 93 de 180 países. Esto refleja un nivel de corrupción percibido intermedio, mejor que el de algunos estados de la región, pero aún lejos de los estándares de transparencia de los países con menor corrupción del mundo.
Otros indicadores, como el índice de fragilidad del Estado, sitúan a Maldivas en un punto intermedio (alrededor de 60 puntos en 2024), señalando que, aunque el país no se encuentra en una situación de colapso institucional ni conflicto abierto, sí enfrenta vulnerabilidades ligadas al cambio climático, la dependencia económica del turismo y las tensiones políticas internas.
En materia de innovación, Maldivas ocupa posiciones discretas en los rankings globales, aunque los últimos datos apuntan a cierta mejora en capacidades de capital humano y desarrollo tecnológico básico. El país se enfrenta al reto de diversificar su economía más allá del turismo y los servicios conexos, potenciando áreas como la economía azul, las energías renovables o los servicios digitales.
Al mismo tiempo, la clasificación de paz global sitúa a Maldivas en una posición relativamente favorable (en torno al puesto 23 en los rankings más recientes), lo que refuerza su imagen como destino seguro para visitantes internacionales y ofrece un entorno razonablemente estable para la inversión a medio plazo.
Demografía, sociedad y desafíos sociales
Desde el punto de vista demográfico, Maldivas combina una población relativamente joven con tasas de natalidad moderadas. Con más de 525.000 habitantes y una densidad extremadamente alta, el país enfrenta retos de planificación urbana, gestión de recursos y adaptación al cambio climático, especialmente por la amenaza de subida del nivel del mar sobre atolones de muy baja altitud.
Los indicadores de riesgo de pobreza se sitúan alrededor del 5-6 % según últimos datos (en torno a 2019), una cifra aparentemente baja en comparación con otras economías en desarrollo. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los costes de vida en las islas, especialmente en las zonas turísticas y en la capital Malé, pueden ser muy elevados, generando tensiones significativas para los hogares de renta baja.
En el plano de la igualdad de género, Maldivas aparece en posiciones rezagadas. El ranking de la brecha de género sitúa al país en torno al puesto 132, lo que revela importantes desafíos en participación económica de las mujeres, representación política y acceso igualitario a oportunidades. Este es un terreno clave para mejorar el desarrollo humano y el aprovechamiento del capital humano disponible.
En términos de seguridad ciudadana, los datos de homicidios por 100.000 habitantes son muy bajos, inferiores a 1 en los registros más recientes (en torno a 0,6-0,7), lo que refuerza la percepción de un entorno relativamente seguro. Las cifras de suicidios, en torno a 9 por 100.000 habitantes según algunos datos históricos, son un recordatorio de la importancia de políticas de salud mental y apoyo social, incluso en países con buenos indicadores económicos.
El sistema de salud, que ha permitido alcanzar una esperanza de vida alta, ha tenido que hacer frente también a retos como la pandemia de COVID-19. Maldivas registró algo más de 186.000 casos confirmados y alrededor de 316 fallecidos relacionados con el virus hasta comienzos de 2026, con una tasa de muertes por millón de habitantes en torno a 600-770. Las campañas de vacunación consiguieron inmunizar a buena parte de la población, con más de 385.000 personas completamente vacunadas y cerca de un millón de dosis administradas.
Energía, medio ambiente y sostenibilidad
En el ámbito energético y medioambiental, Maldivas presenta una realidad doblemente compleja: por un lado, una elevada dependencia de combustibles fósiles importados y, por otro, una vulnerabilidad extrema al cambio climático y la subida del nivel del mar. El consumo y la generación de electricidad se han incrementado notablemente en los últimos años, con consumos de varios cientos de GWh y una creciente necesidad de infraestructura energética en los distintos atolones.
Las emisiones de CO2 per cápita se sitúan en torno a 6 toneladas por habitante en los datos más recientes, un nivel relativamente elevado para una economía tan pequeña, explicado en buena parte por el uso intensivo de generadores diésel en islas y resorts, así como por el transporte aéreo asociado al turismo internacional. El país está explorando proyectos de energías renovables, especialmente solar y eólica de pequeña escala, pero su despliegue aún es limitado.
En cuanto a recursos naturales como el petróleo, Maldivas no es un productor significativo; sus reservas son testimoniales y la producción anual prácticamente nula, lo que obliga a importar combustibles para la generación eléctrica y el transporte. Esta dependencia encarece los costes y hace a la economía especialmente sensible a los vaivenes de los precios internacionales del crudo.
La protección del medio ambiente resulta crucial para el futuro del país, ya que su principal activo económico son precisamente sus playas, arrecifes de coral y ecosistemas marinos. El deterioro de los corales, la erosión costera y la contaminación marina suponen amenazas directas tanto para el turismo como para la pesca, lo que ha impulsado algunos programas de conservación y regulación de actividades en áreas sensibles.
En este contexto, las políticas de desarrollo sostenible y adaptación climática serán determinantes para la trayectoria del PIB maldivo a medio y largo plazo, pues un deterioro grave de sus recursos naturales podría impactar de forma muy negativa en su principal motor económico.
Al observar en conjunto el PIB de Maldivas y el resto de sus indicadores económicos y sociales, se dibuja la imagen de un país pequeño, muy abierto al exterior y fuertemente apoyado en el turismo, que ha logrado elevar su nivel de renta y sus indicadores de salud y educación, pero que arrastra un endeudamiento muy elevado, un déficit persistente y vulnerabilidades estructurales ligadas al clima, la desigualdad y la limitada diversificación productiva; la evolución futura de su economía dependerá de su capacidad para gestionar estas tensiones, reforzar la sostenibilidad fiscal y medioambiental y aprovechar las oportunidades de inversión y desarrollo que ofrece su singular ubicación en el océano Índico.

